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Congreso: Arqueonet2016




No voy a repetir lo que se ha dicho una y otra vez en twitter, Facebook e Instagram.  Para leer una crónica como es debido podéis pasaros por la página de mi compañero de mesa de debate Andrea que lo ha hecho fenomenal (aquí).



Pero si que voy a copiar aquí mis palabras en FB a modo de resumen de un día increíble:

Cuando comencé con "Arqueología en mi Jardín" nunca imaginé que me llevaría hasta donde lo ha hecho. Dicen que todos los caminos conducen a Roma, pero para muchos de nosotros no es cierta esta frase porque, realmente, todos los caminos conducen a la arqueología y a su divulgación, solo hace falta encontrar el que cada uno tiene destinado y son muchísimos.
Muchas gracias a #arqueonet2016 por invitarme, al MAN por acogerme y al Colegio de Arqueólogos de Madrid por la iniciativa, a Pablo Guerra por liarme y a José Manuel Illán por sus mails, su paciencia y su buen hacer. A mis compañeros de mesa Mario Agudo VillanuevaDaniel Casado RigaltEnrique Garcés y Andrea de WAZO. También gracias a Jaime Almansa Sánchez y su pajarita, eres tan genial como me imaginaba y a Iñaki Diéguez Uribeondo por ese gran abrazo que me diste lleno de amistad y a Jesus Martin Alonso que no hablamos casi pero notaba su presencia, ya me dirás como consigues desdoblarte porque estabas en todos sitios!!!
Gracias a todos los que os acercastéis a saludarme, fue genial conoceros en persona, me hubiese gustado poder hablar más con vosotros. Ya sabéis donde encontrarme si me necesitáis!
Y gracias a Kaukarelda UndómielEl Café de la lluvia y Jose Miguel Parra por acompañarme.
Seguro que olvido a alguien...


Y dejo aquí la presentación que me hice de mi misma en la mesa:


Cuando me propusieron participar en #Arqueonet2016 primero me asusté, no entendía el motivo de que me hubiesen elegido a mí (o más bien a mi blog, arqueología en mi jardín), la verdad es que por más vueltas que le doy sigo sin entenderlo. La razón es simple: arqueología en mi jardín no fue creado con ninguna pretensión y sigue sin tenerla... 

Su creación tuvo un motivo totalmente personal. Yo no estaba pasando un buen momento, llevaba un año en el paro después de muchos trabajando como secretaria en oficinas de empresas de construcción. Para poder tener un puesto que me diese algo de dinero tenía que trabajar 8 horas o más al día, había tenido que dejar de estudiar en la universidad presencial cuando solo me quedaban 4 asignaturas para licenciarme y la UNED era la única opción que tenía.

En 2011, cuando apareció en mi vida Arqueología en mi Jardín, intentaba terminar la carrera en la UNED. Seguro que quienes han estudiado en esta universidad me entenderán por lo impersonal y frustrante que es estudiar en ella. Con el cambio de universidad a las 4 asignaturas que tenía se añadieron unas cuantas más, muchas más. Ninguna de arqueología, ni de historia antigua. Tenía que aprobar para terminar la carrera unas cuantas de geografía y unas cuantas más de historia contemporánea, mi pesadilla. Así que en paro y estudiando una carrera que cada vez odiaba más, yo me sentía como un barco a la deriva… 

Me había quedado en paro en mayo del 2010 por culpa de la crisis de la construcción y cuando comenzó el curso 2010-2011, viendo lo que me quedaba por delante en la UNED me decidí a invertir mi finiquito en nuevos proyectos, así que me matriculé en latín y en griego clásicos.

Arqueología en mi jardín nació en ese momento de verdadera desesperación. Los últimos exámenes a los que me había presentado ese febrero, habían sido una locura, las fuerzas me flaqueaban y mientras conducía en el coche camino de mi sede de la UNED no podía dejar de cantar la canción de un Pingüino en mi ascenso, “arqueología en mi jardín”. Realmente se había convertido en un himno para mí, veía que nunca iba a conseguir mi sueño de ser arqueóloga y que como mucho iba a poder excavar y estudiar las macetas de la terraza de casa de mis padres…

En mi clase de latín para adultos era yo la única que tenía vinculación con la historia. Había abogados, jubilados, aficionados a la filología y una cantante de cantos gregorianos. Una tarde en clase surgió una pregunta de un compañero a la profesora sobre cómo eran unas letrinas romanas. Nadie en clase sabía como eran y yo podía explicárselo… pero necesitaba enseñarles fotos, esquemas, fechas, lugares… algo de información. También mis amigas, dedicadas a mundos totalmente diferentes y de edades muy diversas, me preguntaban sobre arte e historia y yo intentaba dar respuestas, que demasiado a menudo ni a mí me convencían. Necesitaba apoyo visual sobre todo.

Yo llevaba más de una década haciendo mis pinitos en internet con páginas web sobre otras inquietudes que tenía y desde hacía unos cuantos años había creado un blog también para mis hobbies.

Arqueología en mi jardín comenzó a gestarse en mi cabeza y en marzo por fin me decidí y subí “Las letrinas romanas de Dougga”. La entrada tuvo éxito entre mis amistades, pero ninguno prácticamente entre el público en general, no tuvo muchas visitas a excepción de mis amigos, a día de hoy sigue sin tener demasiadas, después de seis años solo tiene unas 4100 en comparación con otros temas. El record lo tiene una entrada de unos días después, que tiene casi 35.000 visitas y sigue recibiendo visualizaciones a diario. Pero ver que gustaba y daba respuesta a inquietudes de la gente que me rodeaba me animó a seguir escribiendo. Poco a poco, Arqueología en mi jardín, para leer historia, arte y arqueología en zapatillas de andar por casa, iba llenándose de entradas. Muchas han pasado inadvertidas y otras han tenido ¡gran éxito!, algunos de ellos son verdaderos expedientes X, como “Argos, el increíble perro de Ulises” que publiqué este agosto y tiene casi 7000 visitas. 
Pero realmente nunca he buscado el éxito. Si que es cierto que me gusta ver las estadísticas, porque me gusta ver que la gente entra y me lee. Pero no selecciono los temas según los gustos de los lectores. Mi objetivo no es ser el blog más leído y mis entradas son las de un cuaderno de apuntes sobre temas que a mí me interesan, tener una libreta donde ir poniendo fotos y explicaciones me hacía sentir algo “rarita” y el formato blog era muy cómodo. Las entradas más leídas en muchísimos casos son las que considero más truño de todo lo que publico, pero ahí están… y gustan… ya sabemos, sobre gustos…

Reitero que nunca he buscado lectores, cierto es que me gusta que me lean, si no fuese así no publicaría en internet. 

Arqueología en mi Jardín no me ha servido para ganar dinero, ni visibilidad puesto que aún hay muchísima gente que no me relaciona con el blog (aunque me gusta el anonimato en mi última actualización de su imagen, ya un poquito harta, me he decidido a poner mi foto como reivindicación… a ver si por una vez algunos se enteran de que no hay un hombre, ni un equipo de varias personas detrás del blog …), no me ha abierto el mundo laboral, pero si que me ha servido de práctica para escribir y ganar seguridad en mi misma como divulgadora. Quién lleva un blog, web o similar lo sabe, detrás de un gran blog hay un gran currante que pasa muchas horas frente a la pantalla, pero lo cierto es que si no me gustase y no me lo pasase bien Arqueología en mi Jardín hubiese dejado de existir hace muchos años, y ahí seguimos los dos.

Gracias
 
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