16 jun 2020

La Acrópolis de Atenas. Un poquito de cronología.

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Entre los años 447-438 a. C., Ictino y Calícrrates construyen el Partenón. 
Fidias lo decora y levanta la famosa estatua de Atenea Parthenos.

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Entre 437-432 a. C. se erigen los Propileos.

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408 a. C. se levanta el Erecteion.

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406 a. C. se levanta el templo de Nike (Victoria).

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Este último es mi lugar favorito en la Acrópolis 💓.

12 jun 2020

¿Las amazonas se cercenaban el pecho?

Texto original en un hilo de twitter que he publicado en el día de hoy día 12/6/2020:

Terminemos con otro bulo: no, las amazonas no se cortaban el pecho.


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La imagen de que las amazonas se cortaban el pecho para poder luchar mejor está muy generalizada a pesar de que se ha desmentido y se sabe cual es la raíz de dicho mito.

La idea más generalizada es la de que en la infancia se cortaban un pecho para poder armar el brazo del arco sin impedimento o para que la energía se introdujese en su brazo de extensión.

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Toda esta idea que tenemos es debida a un autor: Diodoro Sículo o Diodoro de Sicilia, un autor griego del s. I a. C.

«De los recién nacidos, a los varones les mutilaban las piernas y los brazos, dejándolos inservibles para el servicio bélico y quemaban el pecho derecho de las mujeres para que no molestara al sobresalir del cuerpo durante las batallas; por cuya causa resultó que el pueblo de las amazonas obtuvo esa denominación» (Diodoro Sículo II, 45, 3; trad. F. Parreu, Gredos).

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«Si el nacido fuere una niña, se le quemaban los pechos para que no se les desarrollaran durante el tiempo de la madurez: les parecía que los pechos sobresalientes del cuerpo no son un impedimento fortuito para la milicia; por tanto, carentes de ellos, eran llamadas amazonas por los griegos» (Diodoro Sículo III, 53, 3; trad. F. Parreu, Gredos).

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¿De dónde surgió esta idea?


La interpretación se basa en una etimología muy forzada de la palabra Amazona (Ἀμαζών) sería el resultado de anteponer la partícula negativa a- a una de las variantes griegas para referirse al pecho femenino μαζός (=μαστός).


Es decir,que "mazos" la convierten en "mastos" para que de como resultado "sin pecho".

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Esta idea se fusiona con otra de Pseudo-Hipócrates, que escribió a finales del siglo V a. C., también griego que dice:

No tienen pecho derecho; porque, cuando aún son bebés, sus madres construyen unos instrumentos de bronce calentado al rojo vivo para este propósito y lo aplican al pecho derecho para cauterizarlo, de manera que su crecimiento se detiene y toda su fuerza y volumen se desvían hacia el hombro y el brazo derechos Hipócrates, Aires, Aguas y Lugares, XVII [Tratados hipocráticos, vol. 2, Gredos, Madrid, 2008].

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Pero esta referencia es respecto a las mujeres escitas, como él mismo dice:


"En Europa hay una raza escita, que habita alrededor del lago Meótide, que difiere de las otras razas. Su nombre es saurómata. Sus mujeres, mientras son vírgenes, cabalgan, disparan, arrojan la jabalina mientras montan y luchan con sus enemigos."

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Curiosamente, Heródoto (s. V a. C.) es el primero que tuvo una relación directa con este pueblo y escribió sobre los escitas. No habla de la mutilación autoinflingida de pechos y eso que cuenta otras truculencias que sí practicaban.

Otro autor, Justino, que probablemente vivió en el siglo III d. C. elaboró un resumen de un autor romano llamado Pompeyo Trogo.


Sugiere que las amazonas originales marcharon desde Escitia hasta la costa meridional del mar Negro. Todos los maridos murieron en escaramuzas con los aborígenes y las mujeres fundaron una colonia independiente.

Se mostraban agresivas hacia sus vecinos y solo establecían contacto con ellos con el propósito de engendrar hijos.

Mataban a los hijos varones, y criaban a las hembras en la caza y el combate, cauterizándoles el pecho derecho durante la infancia para que pudieran manejar mejor el arco.

Sobre el pecho desnudo (no cercenado) la primera noticia es de Arriano (s. I d. C.), autor griego de nuevo, es el que afirma por primera vez que las amazonas que estuvieron presentes en la campaña de Alejandro ¡¡4 siglos antes, prácticamente!! exhibían el pecho desnudo.

Como podéis ver, el embrollo entre amazonas y escitas es tremendo. El caso es que se puede hacer una distinción entre: amazonas mitológicas y mujeres guerreras (amazonas) de pueblos como el escita.

Vamos al arte: no, no aparece nunca una amazona con el pecho cercenado, todo lo contrario, siempre aparecen con pechos generosos. Además por lo general son firmes y prominentes. Los pechos significan tanto sexualidad como fuerza. Mostrándolo.

Resumiendo: La única prueba de que se cercionasen el pecho son las fuentes griegas. Esta fue una forma más de demostrar lo bárbaros que eran "los otros" por lo importante que para ellos eran la maternidad (hablamos de pechos, un elemento esencial en ella).

Fuentes libros: 
"Amazonas" de A. Mayor (Desperta Ferro ed.) 
"Amazonas" de Lyn Webster Wilde (Alianza ed. ) 
"Lugares fantásticos de la Antigüedad y dónde encontrarlos" de Dominguez Monedero (Ed. 
Seec Nacional).


Fuente de las imágenes: 
Mi propio archivo. Amazona de Policleitos de Argos, Mármol romano, copia de un original del 430 a. C., hoy en el Antikes museum de Berlín.

4 jun 2020

Asbite, la imaginaria guerrera del poeta Silio que participó en el asedio de Sagunto.



Cómo habría sido si una mujer hubiese participado en el asedio a Sagunto?

Silio Itálico, poeta del siglo I d. C. escribió en su épico poema "Guerra Púnica" una estampa en la que imaginaba un ejército de mujeres, que al estilo de aquellas que luchaban del lado de Troya, participaba en el asalto a la ciudad de Sagunto durante la segunda Guerra Púnica. Aunque en este caso lucharían del lado de los asaltantes de las murallas, los cartagineses.

¿Como imaginaba este autor romano a estas aguerridas guerreras? Veamos que nos cuentan las fuentes.

Pongámonos en situación: Asbite, la reina guerrea acude junto a su ejército a ayudar a Aníbal. Ella era hija del rey de los cireneos y los nasamones y gétulos. Asbite acude con su caballería femenina oriundas de Marmarica. Su guardaespaldas, Harpé muere mientras la defiende su reina y finalmente Asbite también muere al luchar contra un guerrero saguntino llamado Terón. Entonces Anibal venga su muerte y Asbite es incinerada en una pira con todos los honores.



"Asbité no había conocido varón y, siempre sola en su estancia, había pasado su juventud cazando en el bosque. Sus manos no habían conocido la delicadeza del canastillo de la lana ni habían manejado el huso; prefería a Dictina, las espesuras, espolear jadeantes corceles y abatir bestias salvajes. No de otro modo que las mujeres tracias recorren el Ródope y los bosques del monte Pangeo coronado de rocas: un ejército virginal que con sus carreras no deja reposar al Hebro, menospreciando a los cicones, los getas, el palacio de Reso o los bistones con sus escudos de media luna.

Reconocible, pues, con la indumentaria de su país, sus ondulados cabellos recogidos por detrás con el regalo de las Hespérides, su costado derecho al descubierto y dispuesto para el feroz combate, el brazo izquierdo radiante con su pelta del Termodonte que la protege en la batalla, conducía su carro humeante en veloz carrera. Una parte de sus compañeras la sigue detrás en bigas; la otra, a lomos de caballos. Las hay que ya han contraído los lazos de Venus y acompañan a su reina, pero es más numeroso el grupo de las vírgenes. La propia Asbité, ante la formación en línea y a lo largo de las tiendas, mostraba orgullosa los corceles que había elegido de entre la manada. Al tiempo que cabalga en círculo por la llanura, cerca de la colina, arroja su lanza que vibra a través del aire hasta clavarla en lo alto de la ciudadela. 

El viejo Mopso no soportó verla franquear tantas veces las murallas con sus lanzas, y, desde lo alto del muro, disparó con la vibrante cuerda de su arco flechas de Cortina que cortan el aire cristalino e infligen heridas mortales con su acero alado. [...] Apuntando con su vista y su flecha al rostro de la virgen, comenzó a invocar el favor de Júpiter; pero este dios, al que previamente había abandonado, no le fue propicio. Tan pronto como la nasamonia Harpe vio que se torcía el fatídico arco, se colocó en medio del peligro que venía de lejos y se anticipó a la muerte. Cuando intentaba gritar, la flecha voladora se aloja en su boca abierta: la atraviesa y fueron sus hermanas las primeras en ver asomar el hierro por la nuca.

Pero Asbité, enfurecida por el triste fin de su compañera, levantó aquellos miembros muertos y bañó con lágrimas aquellos ojos que ya se cerraban a la luz. Luego, ayudada por la fuerza que da el dolor, arrojó contra las murallas su venablo mortal; en su trayectoria atravesó de un golpe súbito el hombro de Dorilas, quien ya había colocado la flecha en la cuerda estirada acercando las puntas de su arco y se disponía a confiar a los vientos su arma soltando el pulgar. Sin advertir la herida, cae Dorilas rodando desde las altas empalizadas del muro, a la vez que las flechas de su aljaba se desparraman junto con sus abatidos miembros.

Gortina, [...] Sin lanza en la mano, sin casco en la cabeza, confiando sólo en sus poderosos hombros y en la corpulencia que le proporcionaba su juventud, sin necesidad de espada arrasaba las filas enemigas con su clava. De su cabeza colgaban los despojos y la piel de un león cuyas fauces abiertas sobresalían, terribles, en lo alto de su coronilla. Tachonaban su escudo cien serpientes y el monstruo de Lerna: la hidra, que duplicaba el número de sus cabezas cuando se las cortaba. [...] Buscaba insistentemente el carro de Asbité, el reluciente manto con que se cubría y su escudo adornado de brillantes piedras preciosas: fijaba toda su atención en la belicosa virgen. 

Cuando la reina lo vio acercarse con su lanza manchada de sangre, volvió las riendas de su caballo y, con un giro a la izquierda, eludió a su rival, surcó la llanura y, como un pájaro, se precipitó por la sinuosa pradera alejándose en su carro. Al tiempo que desaparecía de su vista y las veloces pezuñas de sus corceles, más rápidas que el Euro, levantaban una nube de polvo por todo el campo abriendo una amplia brecha en las líneas enemigas con las estridentes ruedas de su carro, la joven virgen no dejó de disparar lanzas contra sus atemorizados adversarios. [...] Las ruedas del funesto carro le pasaron rechinando por encima y siguieron su camino sobre los huesos aplastados.

Y he aquí que la joven dio media vuelta y se acercó nada más ver que Terón se hallaba enfrascado en el combate; apuntando con su terrible hacha a la mitad de su frente, te consagraba a ti, Dictina, tan espléndido despojo, así como la piel del león de Hércules, pero, con el anhelo de gloria tan grande, no tardó Terón en levantarse por encima de los caballos y mostrar ante sus asustados semblantes la peluda cara del rubicundo león. Perplejos ante el horror tan insólito que suponía la amenazante boca de la fiera, los caballos se encabritan y vuelven el carro boca arriba. Al momento, de un salto, cerró el paso a Asbité, que intentaba abandonar la lucha, y la alcanza con su clava en mitad de las sienes. Los sesos que saltaron del cráneo estrujado salpicaron las ardientes ruedas y los frenos enmarañados por los caballos erizados. Apresurándose a hacer alarde de tal masacre, arrebata el hacha a la joven reina y le corta la cabeza cuando caía del carro. Pero no acabó aquí su cólera, pues clavó la cabeza en una enhiesta lanza para que todos la contemplaran. Ordenó a continuación que la pasearan delante de las líneas cartaginesas e introdujeran a toda prisa el carro en las murallas.

[...] Se acercaba Aníbal profiriendo por su boca toda clase de resentimientos y amenazas, dolido y lleno de furia por la muerte de Asbité y el macabro trofeo de su cabeza expuesta.

[...] El cartaginés golpeó al desfallecido saguntino con su escudo, lo derribó y saltó sobre él; ante la ciudad que lo miraba desde las murallas, le espetó engreído: «Ve y consuela a la desdichada Asbité, a la que acompañarás ahora mismo con tu muerte». Y, diciendo esto, hundió su funesta espada en el cuello de quien ya deseaba abandonar la vida. Ufano, desde las mismas murallas, guió los corceles arrebatados (majestuoso botín) a los que el tropel de azorados fugitivos impedía llegar hasta la puerta y en su carro atravesó triunfante las líneas que lo vitoreaban."

Fotos: Sagunto (autora); Mosaico (Wikipedia Jacques MOSSOT): Antioch-on-the-Orontes (ahora Antakya en Turquía ), segunda mitad de el siglo IV dC, ahora en el Louvre , París.

Texto: traducción de Joaquín Villalba Alvarez para Ed. Akal. (Silio Itálico La Guerra Púnica).