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17 ene 2015

Cómo convertir a un bebé en un aguerrido guerrero según el sistema Espartiata.

La espartiata es una de esas culturas que se rodean de un halo de romanticismo, que en la actualidad mitificamos, pero no era un vida nada utópica, eran duros y aguerridos, valientes, y esto se lo debían a una estricta educación desde niños, algo impensable en la actualidad desde el punto de vista humano.  Veamos:




La espartiata era una sociedad basada en la eugenesia, en la selección de los mejores para convertirse en ciudadanos.  En el momento en que el bebé nacía, su padre lo llevaba ante los ancianos de la tribu para su presentación.  Estos lo examinaban  para comprobar que el recién nacido estaba sano y bien formado. Solo si era un niño perfecto, sano y fuerte, podría ser ciudadano y recibir, por lo tanto, una parcela de tierra para cultivar.  

Si era rechazado, el bebé se arrojaba por una sima cuyo nombre era, eufemístico, "Depósitos", a los pies de del Taigeto.

El bebé, seleccionado, y por lo tanto que se libraba de la "exposición", era criado sin pañales para que su cuerpo creciese con total libertad y no se viese constreñido ni atado, así los músculos y huesos crecían sin malformaciones.  Al niño no se le permitían las rabietas ni ningún capricho y ya desde los primeros meses de vida debía aprender a estar solo y a no tener miedo a la oscuridad.



A los siete años, el niño, dejaba su hogar y pasaba a ser educado por el Estado.  Era obligado a abandonar su hogar y a romper todo vínculo con su familia, a la que dejaba de ver a excepción de contadas ocasiones y de visita.  A esta época de su infancia, dice mucho de su mentalidad, se la denominaba "rebaños" y entraban en la institución denominada "conducción".  


Hasta los doce años endurecían su cuerpo y su carácter con juegos y pruebas que realizaban desnudos y descalzos.  Aprendían además a leer, escribir, aritmética, expresión oral, música, danza y poesía.  



A partir de los doce años, a los niños se los dividía en compañías, según su edad.  Siempre permanecían en grupos.  Vestían sólo un manto.  Comían poco, conminándoles a desarrollar su ingenio y destreza en el robo, en el caso de ser pillados recibían un castigo severo, debían aprender a no ser descubiertos.    En este periodo el entrenamiento era básicamente militar, solo se les seguía instruyendo en danza y música por sus grandes beneficios tanto religiosos como por el ejercicio físico  y por ser un sistema óptimo para seguir el ritmo del  movimiento de la falange hoplítica.

A partir de los 14 años, su relación con el mundo adulto era normalizada, los jóvenes tenían que aprender los mecanismos de poder y como ser un ciudadano modelo.  Los adultos,  de unos 30 años, pasaban a convertir al adolescente en su amante.  A partir de ese momento se convertían en su guía  y conductor, responsabilizando de las acciones del pequeño, de forma que si este cometía un error, el adulto era castigado por ello.  La "pederastia" estaba socialmente admitida y tanto Plutarco como Jenofonte la defienden,  según ellos mismos afirman, con ella no se buscaba el goce físico (esto nos lo creeremos o no, claro), incluso este último autor creía que someter a la persona a la sodomía era la mejor forma de educarla. 

A los 20 años, y hasta los 30, comenzaba su instrucción militar en el ejército.  A los 30 el joven ya ciudadano de pleno derecho, pudiendo participar en la Asamblea de ciudadanos, incorporarse a las filas hoplíticas del ejército y participar en las magistratutras.  Además ya podía casarte y formar una familia.



No todos, solo unos pocos seleccionados, probablemente d la alta nobleza espartiata, además de toda la educación anterior, debían pasar una prueba, la denominada cripteia, que ocurría entre los 20 y 30 años.  Se trataba de un rito de paso ancestral: los jóvenes vestidos con solo una túnica (la prueba se realiza en inverno), sin calzado, litera, esclavos,... solo con un puñal, tenían que vagar  por las montañas escondiéndose durante le día para no ser descubiertos por los adultos y evitar así ser castigados, eran la presa de su propio pueblo.  Para sobrevivir tenían que robar y por la noche era cuando se convertían en cazadores, descendiendo de las montañas y matando a los hilotas (esclavos propiedad del estado espartiata).  

Este sistema educativo era la piedra angular de Esparta, convertía a los niños en aguerridos ciudadanos y guerreros, soldados, al mismo tiempo que virtuosos y acatadores de las leyes inmutalbes del Estado.  Solo los reyes y las mujeres no participaban de esta educación y los 300 lo hacían solo en parte.  El principal objetivo era el bienestar de la comunidad, que se situaba por encima de todo, no tenía cabida ni el beneficio ni la gloria personal, no podían demostrar arrogancia ni opulencia.  Todos eran iguales y todos eran un uno.




Fuentes:

Plutarco, "Vida de Licurco", Gredos, Madrid, 1985.

Jenofonte, "La república de los Lacedemonios", Gredos, Madrid, 1984.

Fornis, C.  "Esparta.  Historia, sociedad y cultura de un mito historiográfico", Crítica, Barcelona, 2003.

Fotos:

Película "300".


22 sept 2013

Espartanos, ¡luchad!

Detalle de la decoración



Pues es hermoso morir si uno cae en vanguardia 
como guerrero valiente que por su patria pelea. 
Que lo más amargo de todo es andar de mendigo, 
abandonando la propia ciudad y sus fértiles campos, 
y marchar al exilio con padre y madre va ancianos, 
seguido de los hijos y de la esposa legitima. 
Porque ese será un extraño ante quienes acuda 
cediendo a las urgencias de la odiosa pobreza. 
Afrenta a su linaje y baldona su noble figura 
y toda clase de infamia y ruindad le persigue. 
Si un vagabundo así ya no obtiene un momento de dicha 
ninguno, ni vergüenza ni estima ninguna, 
entonces con coraje luchemos por la patria y los hijos, 
y muramos sin escatimarles ahora nuestras vidas. 
!Ah, jóvenes, pelead con firmeza y codo a codo; 
no iniciéis una huida afrentosa ni cedáis al espanto; 
aumentad en vuestro pecho el coraje guerrero, 
y no sintáis temor de hacer frente al enemigo! 
y a vuestros mayores, que ya no conservan ligeras las rodillas, 
a los viejos, no les abandonéis atrás al retiramos, 
Vergonzoso es, desde luego, que, caiga en vanguardia 
y quede ante los jóvenes tumbado, un hombre ya maduro, 
que tiene ya blanca la cabeza y canosa la barba, 
y queda exhalando su animo audaz en el polvo, 
con el sexo cubierto de sangre en sus manos 
-bochornoso espectáculo es ése y exige venganza- 
y su cuerpo desnudo. En cambio, todo es bello en un joven, 
mientras la flor flamante de la amable juventud posee. 
Es admirado por los hombres y suscita el amor en las mujeres 
mientras esta vivo, y hermoso es si cae en vanguardia. 
Así que todo el mundo se afiance en sus pies 
y se hinque en el suelo mordiendo con los dientes el labio.

(Frag. 6 Y 7 D - Tirteo de Esparta)


Crátera de volutas de figuras rojas