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26 ene 2026

La alimentación (de un gladiador) en la antigua Roma




Tras la publicación de un REEL en Instagram por parte de Cinturón Blanco sobre la alimentación de los gladiadores, se ha desatado el infierno entre los comentarios.  Parece que todo el mundo sabe sobre alimentación, pero muy pocos saben sobre lo que comían los romanos (¡¡¡cuánto daño han hecho las películas!!!). 

Cuando pensamos en la antigua Roma, nuestra imaginación a menudo se llena de banquetes fastuosos, montañas de fruta, carne exótica y vino fino. Sin embargo, la realidad diaria de un romano normal, el plebeius, era mucho más sencilla y modesta. La alimentación de la mayoría de la población reflejaba su economía, su acceso a los mercados y, por supuesto, la disponibilidad estacional de alimentos.

El alimento básico era el pan y otros productos de cereales, como la puls, una especie de gachas de trigo o cebada. Estos cereales constituían la mayor parte de las calorías diarias y eran la base de todas las comidas. Los romanos los cocinaban de formas sencillas: hervidos, en forma de papillas, o como pan rústico. Convertir ese trigo en pan era algo muy caro y no estaba al alcance de todo el mundo: había que molerlo (esto se pagaba) y hornearlo (esto también) así que si no tenías dinero, comías el cereal en forma de esa papilla que visualmente no era muy apetitosa, pero al menos echaba algo al estómago.

Las legumbres como las lentejas, los garbanzos o los guisantes eran comunes y muy apreciadas, pues aportaban proteínas y saciedad a bajo coste. Las verduras de temporada (col, nabo, zanahoria, cebolla, ajo) completaban la dieta, y a veces se acompañaban con hierbas aromáticas o un chorrito de aceite de oliva para dar sabor.

Frutas como higos, manzanas, peras o uvas se consumían frescas o secas, según la temporada. Los frutos secos (almendras, nueces) servían como aperitivo o complemento energético. Las frutas también podían fermentarse para hacer vinagre o vinos de baja calidad que se mezclaban con agua para beber.

Para el romano común, la carne era un lujo. Se consumía ocasionalmente, y más frecuente era el pescado (fresco o salado) y los huevos. Los productos lácteos como el queso eran habituales y servían como fuente de proteínas. Las legumbres a menudo sustituían la carne en las comidas del día a día.

El garum, una salsa de pescado fermentado, era el condimento estrella, aportando sabor a casi todos los platos. El vino estaba presente en casi todas las comidas, pero se solía diluir con agua y, para los más pobres, podía ser de baja calidad. El agua era la bebida principal del día.

Un romano plebeyo de clase media podía desayunar un poco de pan con queso o aceitunas; comer gachas de trigo con legumbres o verduras al mediodía; y cenar una mezcla similar, quizá con un huevo o pescado, acompañada de pan y un poco de vino diluido. La gente más pobre se conformaría con una comida al día y de los productos más baratos: cereal y legumbres. Y cuando nos referimos a gente pobre no lo hacemos en referencia los esclavos porque su alimentación dependía del bolsillo de sus propietarios, de ahí el siguiente estudio (aquí):




Teniendo en cuenta esto, no nos tiene que parecer tan extraño que un gladiador fuese alimentado a base de gachas únicamente.  Y que conseguir 6000 calorías diarias no es tan complicado si tenemos en cuenta que:

100 g de harina (sin hornear) son 360 calorías.
100 g de legumbres secas son 350 calorías.

Así que para ingerir 6000 calorías diarias es necesario tomar:

700 g de harina + 1 kg de legumbres secas

Dividido entre tres comidas:

233 g de harina y 333 g de legumbres, por comida diaria.

No lo veo nada descabellado si tenemos en cuenta que las calorías de algunos platos tradicionales de la cocina española de esos que llamamos de cuchara son: de un plato de fabada "normal" ya ronda las 1.100 kcal., uno de cocido son 1200kcal, unas migas son 1080 kcal. y unas gachas castellanas llamadas de pastor son 900 kcal.

Un pastor de principios del siglo XX llegaba a ingerir diariamente un total de 4.400 kcal. diarias y un jornalero unas 4.800 kcal diarias.


Para saber más sobre alimentación romana en general:

  • Dalby, Andrew. Food in the Ancient World from A to Z. Routledge, 2003.
  • Garnsey, Peter. Food and Society in Classical Antiquity. Cambridge University Press, 1999.
  • Albala, Ken. Food in Early Modern Europe. Greenwood Press, 2003. (para comparativas históricas sobre dietas populares).
  • Grant, Michael. Roman Cookery: Ancient Recipes for Modern Kitchens. Hippocrene Books, 1995.

14 mar 2020

¿Qué era lo que nunca podía faltar en una despensa romana?

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En vista de la locura que estamos sufriendo en los supermercados de nuestro país debido al coronavirus, y puesto que algunos están haciendo acopio de productos como si no hubiese un mañana, vamos a ver qué nos dicen las fuentes que nunca podía faltar a un romano de tomo y lomo en su despensa.  Así, si la cosa va a peor, lo podremos tener en cuenta.

Lentejas, tortas, vino, cereales, algo de ganado, vinagre y sal (Vegecio).  

¡¡Igualito que esos que cargan los carros con natillas!!

Y aquí os dejo la receta del bucellatum, por si queréis comer estos días algo típicamente romano o hacerlo con vuestros peques en casa.  

Resultado de imagen de bucellatum

Ingredientes:

2 tazas de harina de trigo integral
2 cucharadas de aceite de oliva
Olivas negras
Sal
Orégano
Ajonjolí
Agua templada

Modo de hacerlo:

Echamos la harina en un bol (yo guardo una poca por si hemos de añadir algo más después, ya que de la cantidad de agua dependerá que la masa quede homogénea).
Incorporamos, después, la sal a la harina, el aceite y el orégano. A continuación vamos añadiendo el agua templada y amasando, hasta que la masa se desprenda bien de las manos (si hace falta añadimos harina de la que habíamos reservado).
Troceamos las olivas en pequeños trocitos (como es normal, retirando los huesos) y los incorporamos a la masa. Continuamos amasando hasta que los ingredientes estén perfectamente conjugados.
Dejamos reposar la masa una media hora. Una vez pasado este tiempo tomamos porciones y con cada una de ellas hacemos una bolita para luego aplastarla y dejarla de forma circular (podemos ayudarnos de la boca de un vaso).
Espolvoreamos con el ajonjolí y metemos al horno precalentado a 250º C. de unos 10 a 12 minutos (o hasta que veamos que están doradas).

Fuente de la receta: "Hoy cocino yo" (http://anquefornes.blogspot.com/)
Foto: Museo de la Ciudad de Antequera