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Los caballos de Córax o cómo ganar una carrera sin tu conductor de cuádrigas





El momento más espectacular de una carrera de carros en el circo, sin duda, era cuando se daba un naufragia.  Así es como se llamaba a los accidentes de carros durante la competición.  Algunos podían ser desastrosos, chocando unos contra otros, o contra la spina que recorría el centro de la arena y entorno al cual giraban los corredores, o bien también podían impactar contra los laterales del circo o incluso simplemente podía haber una rotura accidental del vehículo.  Todos estos casos podían costar la vida a corredores y animales, pero la carrera nunca se detenía y podían ser tan espectaculares e insólitos que hacían las delicias de los espectadores que arengaban con más fuerza a su color favorito (facción).  

Os traigo aquí el caso de una escena que nos cuenta Plinio El ViejoDurante una competición ofrecida por Claudio, Córax, el conductor de la facción blanca, cayó nada más comenzar la carrera, pero sus caballos, bien adiestrados, no se dieron cuenta de ello y continuaron corriendo como si fuesen dirigidos por la mano del hombre (o como alma que lleva el Diablo).  Ocuparon el lugar de la cabeza de la carrera y así corrieron hasta el final, ganando la competición. 



Nos cuenta Plinio:

"En los espectáculos circenses de los juegos seculares del emperador Claudio, tras tirar a tierra en el recinto de salida a Córax, el auriga de los blancos, tomaron el primer puesto y lo mantuvieron, cerrando, dispersando y haciendo contra sus adversarios todo lo que hubieran debido hacer si hubiese estado montado el auriga más experto, y daba vergüenza que la habilidad de los hombres fuese superada por unos caballos; una vez acabada la carrera, conforme a las reglas, se detuvieron junto a la greda." (Plinio, Historia Natural VIII, 160).



Sin duda debió ser digno de verse y una carrera espectacular que debió levantar a más de uno de su asiento.

Bibliografía:

Plinio El Viejo Historia Natural vol. 3, ed. Gredos.

Fotos:

De la autora tomadas en el Museo Arqueológico de Lyon (Francia).  



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