Arte de Grecia y Roma

La tragedia de Hipólito y el sarcófago de la Torre del Pretorio (Tarragona)

La tragedia de Hipólito según Euclides

Hipólito era hijo de Teseo, el rey de Atenas y de Hipólita, la amazona, nieto de Etra y Posidón.  El chico era muy bello y virtuoso y Fedra, la nueva esposa de Teseo a la muerte de Hipólita (por lo tanto madrastra de Hipólito) se volvió loca de deseo por él, aunque en realidad era un plan de Afrodita que quería destruir a Hipólito.  

FEDRA. — Mis manos están puras, mi corazón es el que está contaminado.
NODRIZA. — ¿ Por un maleficio obra de algún enemigo tuyo?
FEDRA. — Un amigo me ha destruido, sin quererlo yo y sin quererlo él.
NODRIZA. — ¿ Ha cometido Teseo alguna falta contra ti?
[...]
NODRIZA. — ¿Y, a pesar de mis súplicas, pretendes contarme cosas en que quisiera ayudarte?
FEDRA. — Sí, porque intento hallar una salida decorosa de mi vergüenza.
[...]
FEDRA. — ¡Oh madre desgraciada, qué amor te sedujo!
NODRIZA. — El que tuvo del toro. ¿A qué esto?
FEDRA. — ¡Y tú, hermana infeliz, esposa de Dioniso! 
NODRIZA. — Hija, ¿qué te ocurre? ¿Injurias a los tuyos?
FEDRA. — Y yo soy la tercera, desdichada de mal.¡cómo me consumo!
[...]
NODRIZA. — ¿Qué dices? ¿Estás enamorada, hija mía? ¿De quién?
FEDRA. — Del hijo de la Amazona, quienquiera que sea.
NODRIZA. — ¿Te refieres a Hipólito?
FEDRA. — De tus labios has oído su nombre, no de los míos.
[...]
NODRIZA. — [...] Estás enamorada. ¿Qué hay de extraño en esto? Le sucede a muchos mortales. ¿Y por este amor vas a perder tu vida? ¡Menudo beneficio para los enamorados de ahora y los del futuro, si tienen que morir!
[...]
FEDRA. — Temo que me vayas a resultar demasiado sabia.
NODRIZA. — Ten por seguro que acabarás por tener miedo de todo. Pero ¿de qué te asustas?
FEDRA. — De que vayas a contar algo de esto al hijo de Teseo.
NODRIZA. — No te preocupes, hija, eso lo dispondré yo bien. (A Afrodita.) Sólo te pido que me prestes tu ayuda, Cipris, soberana del mar. El resto de lo que proyecto me bastará con decirlo a los amigos de la casa. (La Nodriza entra en palacio.)

Fedra mantuvo en secreto su pasión por Hipólito pero su nodriza, en contra de la voluntad de Fedra, se lo contó a Hipólito.  

[...] 
CORO. — ¡Ay de mí, qué desgracia! Has sido traicionada, hija. ¿Qué haré para salvarte? Lo oculto salid a la luz, estás completamente perdida...
FEDRA. — ¡Ay, ay! ¡Oh, oh!
CORO. — Traicionada por tus amigos.
[...]
HIPÓLITO. — ¡Oh tierra madre y rayos del sol, qué palabras he oído que ninguna voz se atrevería a pronunciar!
NODRIZA. — Calla, hijo, antes de que nadie oiga tus gritos.
HIPÓLITO. — No es posible callar, después de haber oído cosas terribles.
[...]

Hipólito, rechaza a Fedra:

[...] 
HIPÓLITO. —  (A la Nodriza.) Así también ahora tú, oh cabeza funesta, has venido a proponerme a mi relaciones en el inviolable lecho de mi padre. Yo me purificaré de esta impureza con agua clara, lavando mis oídos.  ¿Cómo podría ser yo un malvado, yo que, por sólo escuchar semejantes proposiciones, me considero iMpuro? Sábelo bien, mi piedad es la que te salva, mujer.  Si no hubiera sido cogido indefenso por juramentos hechos en nombre de los dioses, nada me hubiera impedido contárselo a mi padre. Y ahora me iré de palacio, mientras Teseo esté fuera de este país.
[...]

Fedra, queriéndose vengar de Hipólito, se ahorcó, Teseo no llegó a tiempo para salvarla.  Junto a ella había una tablilla conde acusaba a Hipólito de haberla seducido.

[...]
FEDRA. — ¡Deja de hablar! Es evidente que antes no me aconsejaste bien e intentaste una acción funesta. Vamos, aléjate y preocúpate de ti misma; yo sabré arreglar mis asuntos. (La Nodriza abandona la escena.)
 (Al Coro.) Y vosotras, jóvenes nobles de Trozén, concededme sólo este favor que os pido: cubrid con vuestro silencio lo que aquí habéis oído.
CORIFEO. — Lo juro por Artemis venerable, hija de Zeus: nunca mostraré a la luz ninguno de tus males.
FEDRA. — Has hablado bien. Después de haber recurrido a todo, sólo hallo un remedio en mi desgracia para conceder a mis hijos una vida honorable y obtener yo misma un beneficio en mis actuales circunstancias. Nunca deshonraré, segura estoy de ello, a mi patria cretense, ni me presentaré ante los ojos de Teseo bajo el peso de mi vergonzosa acción, sólo para salvar mi vida.
CORIFEO. — ¿Vas a cometer algún mal irremediable?
FEDRA. — Morir; ya pensaré de qué modo.
[...]

NODRIZA. — (Desde dentro.) ¡Ay, ay! ¡Acudid en ayuda todos los que estáis cerca de palacio! Se ha
ahorcado nuestra señora, la esposa de Teseo.
CORIFEO. — ¡Ay, ay, todo ha terminado! La reina ya no existe, unida está a un lazo suspendido.
[...]

TESEO. — (Al Coro.) Mujeres, ¿sabéis qué significan esos gritos en palacio? Me ha llegado un eco confuso de servidores. Es evidente que mi casa no. estima digno acogerme con alegre familiaridad, abriéndome sus puertas como a uno que viene de peregrinación.
¿Le ha sucedido algo al anciano Piteo? Su edad es ya muy avanzada, pero, aun así, sería muy penoso para nosotros que abandonase este palacio.
CORIFEO. — El infortunio presente no ha alcanzado a un anciano, Teseo. Una persona joven ha muerto y te causará dolor.
TESEO. — ¡Ay de mí! ¿No habrá perdido la vida alguno de mis hijos?
CORIFEO. — Están vivos. Su niadre es la que ha muerto, ¡qué dolor más insoportable para ti!
TESEO. — ¿Qué dices? ¿Ha muerto mi esposa? ¿De qué modo?
CORIFEO. — Anudó a su cuello un lazo para ahorcarse.
[...]

TESEO. — ¡Oh, oh! ¿Qué significa esta tablilla que pende de su mano querida? ¿Quiere revelar algo nuevo? ¿Será una carta que escribió la desdichada suplicando algo por ella y por nuestros hijos? Valor, infeliz: ninguna otra mujer entrará en el lecho y en la morada de Teseo. Sí, la impronta del sello de la que ya no vive me acaricia. Vamos, desatemos las ligaduras del sello, para que pueda ver qué quiere decirme esta tablilla. (Desata las ligaduras y hace saltar el Sello.)
[...]


TESEO. — ¡La tablilla grita, grita cosas terribles! ¿Por dónde escaparé al peso de mis desgracias?
Perezco, herido de muerte! ¡Qué canto, qué canto he visto entonar por las líneas escritas, infortunado de mí!
[...]
TESEO. — ¡ No podré detener en las puertas de mi boca la infranqueable y mortal desgracia! ¡Ay ciudad!¡Hipólito se atrevió a violentar mi lecho, deshonrando la augusta mirada de Zeus! ¡Oh padre Posidón, de las tres maldiciones que en una ocasión me prometiste, mata con una de ellas a mi hijo y que no escape a este día, si las maldiciones que me concediste eran claras!
[...]

Teseo, entonces, obligó a su hijo a exiliarse y tras maldecir a Posidón, el dios dio muerte a Hipólito.

El sarcófago de Hipólito de la Torre del Pretiorio (Tarragona)

El "sarcófago de Hipólito" se encuentra en la Torre del Pretorio (Tarragona).  Fue encontrado en 1948 en Punta de Mora (Tarragona) por unos submarinistas, a 6 metros de profundidad.  Se trata de una pieza de 200x110x113cm, datada en el siglo III d.C. y realizada en mármol helenístico:



Hipólito se encuentra en el centro del sarcófago, es el protagonista de la historia, a su alrededor sus compañeros de caza y perros que lo enmarcan, al fondo y sobre la cabeza de Hipólito un arco con sustentado sobre capiteles corintios hace la misma función.  Con su mano derecha rechaza la noticia que la nodriza le acaba de dar sobre la pasión que siente hacia él Fedra.


En realidad el mito representado en el sarcófago comienza por este lado.  Hipólito ha llegado de su partida de caza.  En la imagen dos sirvientes descargan del lomo de un burro el ciervo cazado.




Posidón, tras la súplica de Teseo, da muerte a Hipólito.  Este cae del carro.  Frente a los caballos desbocados Posidón portador del tridente.  La figura femenina que aparece a la izquierda se ha especulado sobre si podría se Afrodita, culpable de toda la tragedia, que aparece como espectadora disfrutando de su objetivo: la muerte de Hipólito.




Se ha interpretado como el momento en que Hipólito es acusado de haber intentado seducir por Fedra, pero es algo difíci saber el significado concreto porque faltan todas las cabezas de los personajes. En el extremo izquierdo podemos ver a Afrodita, que reconocemos porque lleva en su mano la concha, después se ha creído ver a Fedra, apoyada en Teseo, que aparece en posición frontal con el puño cerrado demostrando su furia, detrás  se adivina una figura femenina de la que solo se conserva la túnica larga y los pies, se piensa que podría ser Enone.  Finalmente, en el otro extremo, Hipólito junto con un amigo y un perro.


Interesantes/curiosas son las palabras que Eurípides pone en boca de Hipólito sobre las mujeres inteligentes:

[...]
HIPÓLITO. — ¡Oh Zeus! ¿Por qué llevaste a la luz del sol para los hombres ese metal de falsa ley, las mujeres? Si deseabas sembrar la raza humana, no debías haber recurrido a las mujeres para ello, sino que los mortales, depositando en los templos ofrendas de oro, hierro o cierto peso de bronce, debían haber comprado la simiente de los hijos, cada uno en proporción a su ofrenda y vivir en casas libres de mujeres. [Ahora, en cambio, para llevar una desgracia a nuestros hogares, empezamos por agotar la riqueza den nuestras casas.] He aquí la evidencia de que la mujer es un gran mal: el padre que las ha engendrado y criado les da una dote y las establece en otra casa, para librarse de un mal. Sin embargo, el que recibe en su casa ese funesto fruto siente alegría en adornar con bellos adornos la estatua funestisima y se esfuerza por cubrirla de vestidos, desdichado de él, consumiendo los bienes de su casa. [No tiene otra alternativa: si, habiendo emparentado con una buena familia, se siente alegre, carga con una mujer odiosa; si da con una buena esposa, pero con parientes inútiles, aferra el infortunio al mismo tiempo que el bien.] Mejor le va a aquel que coloca en su casa una mujer que es
una nulidad, pero que es inofensiva por su simpleza.

Odio a la mujer inteligente: ¡que nunca haya en mi casa una mujer más inteligente de lo que es preciso! Pues en ellas Cipris prefiere infundir la maldad; la mujer de cortos alcances, por el contrario, debido a su misma cortedad, es preservada del deseo insensato. A una mujer nunca debería acercársele una sirviente; fieras que muerden pero que no pueden hablar deberían habitar con ellas, para que no tuviesen ocasión de hablar con nadie ni recibir respuesta alguna. Pero la realidad es que las malvadas traman dentro de la casa proyectos perversos y las sirvientes los llevan fuera de la misma.

FUENTES:
http://www.tarracowiki.cat/wiki/El_sarc%C3%B2fag_d%27Hip%C3%B2lit

EUCLIDES, "Hipólito", 
traducción de Alberto Medina González y Juan Antonio López Férez
Ed. Gredos.

Fotos de la autora.

About María Engracia Muñoz-Santos

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