Odiseo y la caza del jabalí: un deporte de riesgo.



"Apenas brilló matutina la Aurora de dedos rosáceos, salieron a cazar a la vez los perros y sus dueños, los hijos de Autólico. Y con ellos iba el divino Odiseo. Ascendieron al abrupto monte del Parnaso, recubierto de bosque, y pronto se adentraban en sus repliegues batidos por el viento. Hacía poco que el sol se expandía por los campos saliendo de la plácida y profunda corriente del océano, cuando los cazadores alcanzaron un desfiladero. Por delante avanzaban los perros venteando rastros y detrás los hijos de Autólico. Con ellos marchaba Odiseo al lado de los perros, blandiendo una lanza de larga sombra.


Allí, en la densa espesura, estaba tumbado un gran jabalí. No la penetraba el soplo húmedo de los vientos briosos ni la atravesaba con sus rayos brillantes el sol, ni tampoco se filtraba por ella la lluvia. Tan espesa era, pues la formaba un denso amontonamiento del follaje. Pero al jabalí le llegó el rumor de los pasos de los perros y los hombres que avanzaban de cacería. Y salió del soto a su encuentro, con el pelaje del lomo erizado, chispeando en sus ojos miradas de fuego, y se paró ante ellos. Se precipitó primero Odiseo blandiendo en alto la larga lanza con su mano robusta, ansioso por herirlo. Pero el jabalí abalanzose y le hirió junto a la rodilla y con su colmillo le hizo un desgarro hondo en la carne, embistiéndole de lado, si bien no le llegó al hueso. Odiseo lo alanceó, hiriéndole en la paletilla derecha, y de lado a lado le hundió la punta de la brillante lanza. Cayó por tierra gruñendo, y se le es capó el ánimo."




Para conocer más acerca de los jabalíes puedes leer mi artículo "Jabalí, el trofeo imperial" en "Historia National Geographic", No. 178, ISSN 1696-7755, octubre 2018, pp. 22-23.

Texto: Homero "Odisea", traducido por Carlos García Gual para ed. Alianza.
Fotos: Autora, museo de Florencia, periodo etrusco.

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