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8 mar 2026

Cuando la poesía se disfraza de historia: leer entre líneas sin perder el rigor



Quienes investigamos el mundo antiguo debemos ser extremadamente cuidadosos al leer una fuente griega o romana y convertir su relato en “hecho histórico”. Autores como Heródoto, Tucídides, Tito Livio o Tácito no escribían desde la neutralidad moderna: seleccionaban, interpretan y modelaban los hechos según su contexto político, sus objetivos literarios y su propia visión moral del pasado. Sus obras son testimonios valiosísimos, pero también construcciones retóricas que responden a intereses, géneros y tradiciones concretas. Por ello, el investigador debe interrogar el texto: preguntarse quién escribe, para quién, en qué momento y con qué intención; contrastarlo con otras fuentes y con la evidencia material; y distinguir cuidadosamente entre dato, interpretación y propaganda.

La prudencia debe extremarse aún más cuando trabajamos con autores satíricos, porque en ellos la exageración, la caricatura y la distorsión forman parte esencial del género literario. En las Sátiras de Juvenal, por ejemplo, la Roma imperial aparece como un escenario de corrupción desmedida, decadencia moral y vicios sin freno; pero su objetivo no es ofrecer una crónica fiel de la realidad social, sino provocar, moralizar y escandalizar al lector mediante la hipérbole y el tono indignado. Tomar literalmente sus descripciones (sobre mujeres, extranjeros, clientes, libertos o ricos) sería ignorar que la sátira romana construye tipos y no retratos sociológicos. El investigador, por tanto, debe separar la convención literaria del posible sustrato histórico y leer entre líneas, consciente de que en estos textos la deformación es deliberada y constituye, precisamente, su fuerza expresiva.

Voy a proponerte un ejercicio práctico.  Imagina que dentro de 2000 años encuentran este texto: 


Este invierno sin ti se me está haciendo eterno
Eterno como el día que te fuiste de aquí
Y le he escuchado decir en el barrio a los viejos
Que nunca ha hecho tanto frío en Madrid
Nunca ha hecho tanto frío en Madrid.

El texto estaría firmado por dos autores: Alvaro Luna y David Merino.

El historiador del futuro vería el texto y los nombres y, probablemente, investigando, llegaría a saber que se publicó a finales de 2025. Incluso podría formular la hipótesis de que se trata de una poesía de amor por el tono y el significado de sus frases, o quizá que, efectivamente, estamos ante la letra de una canción.

Si esos historiadores hicieran lo que hoy hacen algunos con determinadas fuentes, tomándolas al pie de la letra, concluirían que ese año fue el más frío que se había vivido en Madrid y así lo escribirían en un artículo científico. Otros colegas se harían eco del hallazgo y el supuesto “dato” comenzaría a circular: 2025 habría sido el invierno más frío del siglo XX y del XXI.

La realidad, sin embargo, es bien distinta. El invierno de 2025 fue un invierno muy cálido, con temperaturas medias por encima de lo normal y sin olas de frío destacadas, situándose entre los más cálidos de la serie histórica desde 1961 en España y también en la región de Madrid.

El problema es que el grupo La La Love You (al que pertenece la canción citada) utiliza una afirmación climática como recurso poético: se trata, sencillamente, de una hipérbole. Una figura retórica que muchos autores antiguos también utilizaron y que hay que saber detectar en un texto.

Por eso, quien investiga no puede leer estos textos como si fueran un acta notarial. Tiene que saber distinguir qué es recurso literario y qué podría esconder un dato real, aprender a leer entre líneas y entender que, en muchos casos, la exageración no es un fallo ni una mentira, sino una herramienta artística utilizada a propósito para emocionar, impactar o llamar la atención.

En resumen, hay que tener mucho cuidado al sacar datos históricos de textos que no fueron escritos para dar información objetiva, sino para convencer, enseñar, divertir o emocionar. Un poema, una sátira, un discurso político o cualquier obra literaria puede ofrecernos pistas sobre el pasado, pero no son un registro neutral de los hechos. Si los leemos sin fijarnos en su estilo, intención y contexto, podemos confundir la ficción o la exageración con la realidad histórica.

Por eso, quien investiga debe mirar con ojo crítico: separar los datos de la interpretación y del recurso literario, y siempre contrastar lo que dice la fuente con otras evidencias y testimonios. Solo así evitamos tomar por verdad lo que es creación artística y mantenemos el rigor al acercarnos al pasado.

Y ahora la canción para que la disfrutemos:




Tal vez sea el frío o soy yo
Pero me hace bostezar
Me da por otro café
Donde solíamos quedar
Y me he acordao' de que tú
Nunca habías visto nevar
Las chicas que sois del sur huis del frío polar

Y me has dejado a mi aquí
Viendo la tele del bar
Han puesto la previsión y qué sorpresa
Merece un aumento
El hombre del tiempo
Conmigo hoy ha vuelto a acertar

Es solo un día más que te echo de menos
Es otro día gris que mе acuerdo de ti
Que los días dе sol se fueron contigo
Y con frío no se puede dormir
Este invierno sin ti se me está haciendo eterno
Eterno como el día que te fuiste de aquí
Y le he escuchado decir en el barrio a los viejos
Que nunca ha hecho tanto frío en Madrid
Nunca ha hecho tanto frío en Madrid.


Se me ha debido colar la lluvia en el corazón
Y aunque me intento abrigar
No puedo entrar en calor
Desde que no estás aquí
Todo ha cambiado a peor
Ya ni se puede salir
Que caro que está Madrid

Y es que ahora una nube gris
Me sigue allá donde voy
Tratándote de olvidar
Pero confieso
Me guardo un 'te quiero' en el chubasquero
Por si un día decides venir (venir)

Es solo un día más que te echo de menos
Es otro día gris que me acuerdo de ti
Que los días de sol se fueron contigo
Y con frío no se puede dormir
Este invierno sin ti se me está haciendo eterno
Eterno como el día que te fuiste de aquí
Y le he escuchado decir en el barrio a los viejos
Que nunca ha hecho tanto frío en Madrid



Y anuncian que va a salir
De entre mis nubes el sol
Y que ahora llega por fin la primavera
Pero le quiero pedir solo un pequeño favor
Que no se acuerde de ti
Que no se acuerde de ti
Que no se acuerde de ti
Que no se acuerde de ti
De ti, de ti

Es solo un día más que te echo de menos
Es otro día gris que me acuerdo de ti
Que los días de sol se fueron contigo
Y con frío no se puede dormir
Que este invierno sin ti se me está haciendo eterno
Eterno como el día que te fuiste de aquí
Y le he escuchado decir en el barrio a los viejos
Que nunca ha hecho tanto frío en Madrid
Nunca ha hecho tanto frío en Madrid
Nunca ha hecho tanto frío en Madrid

22 feb 2026

¿Las Humanidades usan método científico… o es que queremos parecernos a “los de ciencias”?






Hay una frase que escucho con cierta frecuencia. La semana pasada ocurrió una vez más: "Las humanidades no son ciencia".

Suele aparecer cuando hablamos de Historia, de Filosofía, de Filología o de Historia del Arte (al menos estas son las disciplinas que conozco). Como si la ciencia fuera un territorio exclusivo de las batas blancas y los tubos de ensayo. O como si solo si se utilizan números (estadística, por ejemplo) hay un método científico.

Pero la ciencia no se define por su escenografía ni por el uso de las matemáticas. Y tampoco lo que convierte algo en ciencia no es el objeto de estudio, sino el modo de aproximarse a él. Es el método.

Y el método científico se basa simplemente en formular preguntas bien delimitadas, reunir evidencias, construir hipótesis que expliquen esas evidencias, contrastarlas, someterlas a la crítica de la comunidad académica y revisarlas si los datos obligan a hacerlo.

Eso es exactamente lo que hacemos en Humanidades.

Cuando trabajamos con inscripciones antiguas, no “interpretamos libremente”: analizamos soportes, contextos arqueológicos, paralelos textuales, cronologías. Cuando estudiamos un edificio romano, no opinamos sobre si “nos parece bonito”: examinamos técnicas constructivas, fases de obra, fuentes literarias, transformaciones históricas. Cuando discutimos una corriente filosófica, lo hacemos a partir de textos, tradiciones manuscritas, marcos conceptuales y debates previos.

¿Hay interpretación? Por supuesto. Como la hay en física teórica cuando se construyen modelos para explicar datos que no se ven directamente.

Lo que ocurre es que en Humanidades el objeto de estudio es el ser humano en el tiempo: su pensamiento, sus creencias, sus sistemas simbólicos, su cultura material. Y eso incomoda a veces, porque no siempre produce resultados cuantificables en una gráfica. Pero el rigor no se mide en números.

Pondré algunos ejemplos, solo de las disciplinas que conozco y más cercanas a la historia.

Comencemos por la historia, por supuesto. Cuando los historiadores estudiamos la caída de la República romana, no estamos simplemente “contando cómo terminó todo”. Estamos intentando explicar un proceso complejo.

Y explicar implica formular hipótesis. Y las hipótesis se utilizan para dar respuestas a preguntas que se contrastan con evidencias. Con las fuentes literarias, pero también con la epigrafía, la numismática, la arqueología, etc. Cada tipo de fuente aporta un punto de vista distinto; la suma nos da un resultado que es una hipótesis (una respuesta que puede o no ser cierta). El trabajo consiste precisamente en cruzarlas, tensionarlas, hacerlas dialogar.

Y, como en cualquier disciplina científica, las conclusiones son provisionales. Si aparece una nueva inscripción, si una excavación modifica la cronología aceptada, si una reinterpretación documental está sólidamente argumentada, las hipótesis deben revisarse. Quién no lo hace no es un buen científico, falsea la historia.

Se trata, sencillamente, de aplicar el mismo principio que rige en cualquier otra ciencia: nuestras explicaciones valen mientras resistan la crítica y las pruebas disponibles. Cuando dejan de hacerlo, se cambian.

¿Qué ocurre con la filología?

La filología trabaja con datos. Y los datos, en este campo, se llaman variantes textuales.

Si diez manuscritos transmiten una lectura y dos ofrecen otra, no estamos ante una cuestión de gusto: estamos ante un hecho verificable. A partir de ahí empieza el análisis. ¿Comparten esos diez manuscritos errores comunes? ¿Proceden de un mismo modelo perdido? ¿Son independientes entre sí o copias de una copia?

El método científico en filología recoge los datos, propone un stemma, comprueba si funciona y revisa si aparecen nuevos testimonios o si el análisis revela inconsistencias.

Lo mismo sucede en lingüística histórica. Cuando se formularon las leyes fonéticas regulares, se estaban detectando regularidades. Estructuras. Patrones predecibles.

También la Historia del arte

Y algo muy parecido ocurre en Historia del Arte. Cuando se atribuye una obra a un taller o a un artista concreto, no se hace porque “lo parezca”. Se analizan la composición, la técnica, los pigmentos, la preparación del soporte, la iconografía, la documentación archivística, las comparaciones estilísticas con obras seguras.

Como resultado, se lanza una hipótesis y, como siempre, esta debe sostenerse con evidencias, con pruebas técnicas y documentos. Si un análisis técnico detecta un pigmento cuya fabricación comenzó después de la muerte del supuesto autor, la atribución se viene abajo. No por orgullo herido, sino porque los datos la contradicen.

Y la filosofía, ¿es una ciencia?

Una tesis filosófica debe explicitar premisas, evitar contradicciones, sostener inferencias válidas y resistir objeciones públicas.

Como ciencia que es, una tesis filosófica puede ser refutada si sus premisas son inconsistentes o si se deriva una contradicción.

Resumiendo: en Humanidades también hay método científico, puesto que formulamos hipótesis, analizamos evidencias, construimos modelos explicativos, aceptamos revisión pública. Todas estas premisas son el núcleo del método. Así que Historia, Filología, Historia del Arte y Filosofía: trabajan con evidencias, formulan hipótesis, aplican procedimientos sistemáticos, se someten a revisión académica, aceptan refutación.

Como científicos que somos, nos sentimos responsables. Y nuestro trabajo tiene un método. Todo ello se traduce en una palabra que para nosotros es ley: RIGOR.


22 ene 2015

La reconstrucción de una historia a partir de los textos clásicos: el caballo de Troya

Esta entrada se la dedico a Fernando Plans de Blog de Filología Clásica que fue quien colgó la foto que la ilustra  y en cuanto la vi supe que tenía que escribir algo sobre el famoso Caballo de Troya.


El Vaso de Mykonos, fechado hacia el 670 a.C.
(la foto se la he copiado a Fernando que se la había copiado a @MariaSuu)


¿Quién no conoce el famoso Caballo de Troya?  Un enorme caballo de madera, utilizado como estratagema en la guerra (del mismo nombre), por parte de los griegos para introducirse dentro de las murallas de la ciudad de Troya.  

Gracias a la película "Troya"  creemos que es en la "Iliada" donde Homero nos relata la estrategia (¡Oh! ¡gran error!), no es así porque en este relato no aparece el caballo en ningún momento.  Pero siguiendo otros textos podemos reconstruir los hechos (cuales CSI) para conocer que ocurrió con el famoso artilugio.

Los antecedentes son los siguientes, muy a grandes rasgos: la bellísima Helena de Esparta estaba casada con Menelao, hermano de Agamenón que era rey de Micenas.  Paris y su hermano Héctor, príncipes de Troya (su nombre original era Ilion), hijos del rey Príamo, llegan a Esparta y debido a un ardid de la diosa Afrodita y del propio Paris (esta es otra historia que contar otro día), Helena se enamora locamente de Paris.  Paris y Helena huyen de Esparta como tortolitos y, regresando a Ilion.  Entonces Menelao acude a pedir ayuda a sus aliados: los griegos, y así juntos poder recuperar a su esposa de los brazos de Paris.  Es así como comienza la famosa GUERRA DE TROYA.  Lo que en realidad fue una guerra entre Oriente y Occidente tan de moda últimamente y que está en boca de los periodistas participantes en debates televisivos. 

La guerra fue muy dura y larga y los griegos, temiendo morir y no poder volver nunca más a sus patrias si seguían por aquel camino deciden cambiar su estrategia, y su suerte de paso, y ganar la guerra: construyen un caballo gigante, dentro irían escondidos los mejores guerreros (unos dicen que 50, otros que 3000), claro que los troyanos no sabían nada (aunque algunos como Casandra, algo se olían). Y como si fuese una ofrenda a los dioses por permitir su regreso al hogar, dando gracias por ello, lo dejaron a la vista de los troyanos y ellos fingieron marcharse y volver a casa.  Los troyanos, muy píos ellos, pensando que era lo que no era, decidieron introducirlo en su ciudad para encargarse de donarlo ellos mismos a los dioses en el templo.  Por la noche, mientras todos dormían, los guerreros griegos salieron de las entrañas de la mentira y tomaron la ciudad de Ilion.

Esta es la historia que conocemos, pero imaginad que no tuviésemos ni idea de la misma.... ¿cómo podemos nosotros reconstruir la aventura del caballo?  Acudiendo a las fuentes clásicas, por supuesto, aquí vamos a leer unas pocas sobre esta historia. 

Para saber un poco sobre el plan del bando griego:

El hijo de Laertes, gracias a su sagacidad, supo entreverla y, en respuesta, proclamó estas palabras:
«Amigo mío, del todo honrado por los dioses celestiales, si en verdad les está destinado a los aqueos, hábiles guerreros, conquistar la ciudad de Príamo mediante ardides, tras construir un caballo, de buena gana subiremos los proceres a ese escondite; las tropas, por su parte, con las naves han de marchar lejos de aquí, a Ténedos, no sin antes incendiar todos sus tiendas, a fin de que los troyanos, al observarlo desde su villa, se dispersen por la llanura, ya sin temores.  Quinto de Esmirna "Posthoméricas" XII, 22.

Podemos saber qué era el Caballo y quien lo construyó, nos cuenta esta fuente escrita por parte de los griegos:

Más tarde planeó la construcción de un caballo de madera y se lo encargó a Epeo, que era arquitecto. Éste cortó troncos en el Ida y construyó un caballo hueco y abierto en los flancos. Odiseo persuadió a los cincuenta mejores o, según el autor de la Pequeña Ilíada, a tres mil, para que entrasen en él; y a los demás, para que al llegar la noche quemasen las tiendas y, retirándose a las cercanías de Ténedos, fondearan allí y regresaran a la noche siguiente.  Ellos obedecieron e introdujeron a los mejores en el caballo, después de confiar el mando a Odiseo y grabar la siguiente inscripción: «Los helenos en agradecimiento a Atenea por su regreso a la patria". Ellos mismos quemaron sus tiendas, y dejando a Sinón, que debía encender una antorcha como señal, se hicieron a la mar durante la noche y quedaron al pairo en las proximidades de Ténedos.  Apolodoro "Biblioteca" 5, 14.

Varios autores nos relatan el encuentro de los troyanos del caballo.  Primero leamos a Virgilio:


Los jefes de los dánaos, quebrantados al cabo por la guerra,
patente la repulsa de los hados -son ya tantos los años transcurridos-,
construyen con el arte divino de Palas un caballo del tamaño de un monte
y entrelazan de planchas de abeto su costado.
Fingen que es una ofrenda votiva por su vuelta. Y se va difundiendo ese rumor.
A escondidas encierran en sus flancos tenebrosos
la flor de sus intrépidos guerreros y llenan hasta el fondo
las enormes cavernas de su vientre de soldados armados.
A la vista de Troya esta la isla de Ténedos, sobrado conocida por la fama.
Abundaba en riquezas mientras estuvo en pie el reino de Priamo,
hoy solo una ensenada, fondeadero traidor para las naves.
Hasta allí se adelantan los dánaos y se ocultan en la playa desierta.
Virgilio "Eneida" II, 13.

Por parte de Quinto de Esmirna sabemos un poco más sobre este hallazgo:

Los troyanos atisbaron entonces, sobre las costas del Helesponto, el humo que aún se remontaba por el aire, mas no divisaban ya las naves que de la Hélade les habían traído la horrible aniquilación. Corrieron todos alborozados hacia las playas, revestidos con sus armas, pues todavía el miedo dominaba su corazón. Contemplaron el bien pulido caballo, y a su alrededor se plantaron asombrados, pues en verdad resultaba una gran obra.  Quinto de Esmirna, "Posthoméricas" XII, 355

Homero en la "Iliada" nos cuenta como siguió la historia:

Del caballo en la entraña escondidos, los otros en torno
se agrupaban de Ulises ya en medio de Troya; los teucros
por sí mismos lo habían arrastrado al alcázar y, erguido
en mitad, discutían a su pie y en confuso alboroto. 
Tres sentencias allí se escuchaban: romper con el bronce
implacable la hueca madera, llevarlo arrastrando
a la cima y dejarlo caer por las rocas, guardarlo
como ofrenda preciosa a los dioses. Y fue esta postrera
la que luego se había de cumplir, pues conforme al destino 
la ciudad debería perecer una vez que albergase
al caballo de tablas ingente en que estaban los dánaos
más ardidos tramando a los teucros matanza y ruina.
Homero "Iliada" VIII, 490.

Higino nos vuelve a contar toda la historia, con algunos detalles más, leemos:

1. No habiendo podido los aqueos tomar Troya a lo largo de diez años, Epeo —por consejo de Minerva— construyó un caballo de madera de admirable tamaño, y en él se encerraron Menelao, Ulises, Diomedes, Tesandro, Esténelo, Acamante, Toante, Macaón, Neoptólemo481. Y en el caballo escribieron: «Los dáñaos lo entregan como regalo a Minerva», y a su vez trasladaron el campamento a Ténedos.
2. Cuando los troyanos lo vieron, pensaron que los enemigos se habían marchado. Príamo ordenó que el caballo fuera llevado a la ciudadela de Minerva, y mandó que se celebrara una gran fiesta. La adivina Casandra gritó que había enemigos dentro, pero no se le concedió crédito.
3. Después de haberlo colocado en la ciudadela, llegada la noche, los troyanos se quedaron profundamente dormidos, extenuados por efecto del juego y del vino. Entonces los aqueos salieron del caballo, que había abierto Sinón, y mataron a los centinelas de las puertas. Dada una señal, recibieron a sus compañeros y tomaron Troya.  Higinio "Fabulas" 108.

Para saber cómo fue introducido en la ciudad podemos acudir a Virgilio de nuevo:

Abrimos una brecha en la muralla y allanamos los baluartes 
de la ciudad. Se entregaron todos a la tarea. Van calzando
los pies del caballo rodillos corredizos.
Y en torno de su cuello tienden sogas de cáñamo.
Remonta nuestros muros la máquina fatal preñada de guerreros.
Alrededor van niños y niñas entonando sacros cánticos.
Disfrutan tocando la maroma con sus manos. Ella, amenazadora, va subiendo
y se va deslizando hasta el mismo centro de la ciudad.
¡Oh, patria! ¡Oh, Ilion, morada de los dioses! ¡Oh, muralla dardania
afamada en la guerra! Cuatro veces se para en el mismo dintel
de la puerta el caballo y resuenan cuatro veces las armas de su vientre.
Con todo aun apremiamos aturdidos, ciegos de frenesí.
Y en nuestro sacro alcázar emplazamos el monstruo de desgracia.
También entonces Casandra abre sus labios anunciando los hados inminentes,
labios nunca creídos de los teucros por mandato de un dios.
Nosotros desdichados -aquel seria el ultimo día de nuestra vida- vamos
por la ciudad enguirnaldando los templos de los dioses. Virgilio "Eneida"  II, 233.


Hay que tener en cuenta que ninguno de los autores vivió la guerra en primera persona y que unos lo hicieron por parte de los troyanos y otros por parte de los griegos.  Las fechas:
  • La guerra de Troya - siglo XII a.C. (según Eratóstenes)
  • Homero vivió en el siglo VIII a.C., el primero que puso por escrito las obras "Odisea" e "Iliada" por escrito... ¡¡5 siglos después de que ocurriese!!
  • Apolodoro de Atenas vivió entre el 180 a.C. y el 119 a.C.
  • Publio VIRGILIO Maron - vivió entre el 70 a.C. y el 19 a.C.
  • Cayo Julio HIGINIO vivió entre el 64 a.C. y el 17 d.C.
  • Quinto de Esmirna vivió entre el siglo III y IV d.C.