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1 feb 2020

Odiseo y la caza del jabalí: un deporte de riesgo.



"Apenas brilló matutina la Aurora de dedos rosáceos, salieron a cazar a la vez los perros y sus dueños, los hijos de Autólico. Y con ellos iba el divino Odiseo. Ascendieron al abrupto monte del Parnaso, recubierto de bosque, y pronto se adentraban en sus repliegues batidos por el viento. Hacía poco que el sol se expandía por los campos saliendo de la plácida y profunda corriente del océano, cuando los cazadores alcanzaron un desfiladero. Por delante avanzaban los perros venteando rastros y detrás los hijos de Autólico. Con ellos marchaba Odiseo al lado de los perros, blandiendo una lanza de larga sombra.


Allí, en la densa espesura, estaba tumbado un gran jabalí. No la penetraba el soplo húmedo de los vientos briosos ni la atravesaba con sus rayos brillantes el sol, ni tampoco se filtraba por ella la lluvia. Tan espesa era, pues la formaba un denso amontonamiento del follaje. Pero al jabalí le llegó el rumor de los pasos de los perros y los hombres que avanzaban de cacería. Y salió del soto a su encuentro, con el pelaje del lomo erizado, chispeando en sus ojos miradas de fuego, y se paró ante ellos. Se precipitó primero Odiseo blandiendo en alto la larga lanza con su mano robusta, ansioso por herirlo. Pero el jabalí abalanzose y le hirió junto a la rodilla y con su colmillo le hizo un desgarro hondo en la carne, embistiéndole de lado, si bien no le llegó al hueso. Odiseo lo alanceó, hiriéndole en la paletilla derecha, y de lado a lado le hundió la punta de la brillante lanza. Cayó por tierra gruñendo, y se le es capó el ánimo."




Para conocer más acerca de los jabalíes puedes leer mi artículo "Jabalí, el trofeo imperial" en "Historia National Geographic", No. 178, ISSN 1696-7755, octubre 2018, pp. 22-23.

Texto: Homero "Odisea", traducido por Carlos García Gual para ed. Alianza.
Fotos: Autora, museo de Florencia, periodo etrusco.

4 ago 2016

Argos, el increible perro de Ulises.




Ulises partió de su amada Ítaca, donde era rey, para luchar contra los troyanos de parte de los atenienses, tras el rapto de Paris, rey de Ílion (Troya) de Helena, esposa de Menelao, rey de Micenas.

Esta historia la conocemos ya todos, pero hay un personaje muy curioso en la "Odisea" y que pocos han reparado en él.  Se trata de Argos, el fiel perro de Odiseo que esperó en el hogar pacientemente durante nada más y nada menos que 20 años ¡¡20 años!!  

Argos en el famoso texto solo aparece en el canto XVII.  Es entonces cuando se nos narra el momento en que Odiseo llega a su reino disfrazado de mendigo.  Solo el perro reconoce a su dueño en un principio.  Tras el retorno de su amo muere.

Argos es el paradigma de la fidelidad por parte de un perro a su amo.



Dice la Homero en la "Odisea" en el libro XVII:

"Así éstos conversaban. Y un perro que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argos, el can del paciente Ulises, a quien éste había criado, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que partir a la sagrada Ilión.

Anteriormente llevábanlo los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; mas entonces, en la ausencia de su dueño yacía abandonado sobre mucho estiércol de mulos y de bueyes que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Ulises lo tomasen para abonar los extensos campos: allí estaba tendido Argos, todo lleno de pulgas.

Al advertir que Ulises se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo. Entonces Ulises, que le vio desde lejos, se enjugó una lágrima sin que se percatara Eumeo y le preguntó: "Eumeo, es extraño que este perro esté tumbado entre el estiércol.  Su cuerpo es hermoso; aunque ignoro si, con tal belleza, era rápido en la carrera, o era como esos perros falderos que crían los señores por lujo".

Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo: "Ese can perteneció a un hombre que ha muerto lejos de nosotros. Si fuese tal como era en el cuerpo y en la actividad cuando Ulises lo dejó al irse a Troya, pronto admirarías su rapidez y su vigor: no se le escapaba ninguna fiera que levantase, ni aun en lo más hondo del espeso bosque, porque era sumamente hábil en seguir un rastro. Mas ahora abrúmanle los males a causa de que su amo murió fuera de la patria, y las negligentes mozas no lo cuidan, porque los siervos, cuando los amos ya no mandan, no quieren hacer los trabajos que les corresponden, pues Zeus quita a un hombre la mitad de su valía cuando le alcanza el día de la esclavitud."

Diciendo así, entróse por el cómodo palacio y se fue derecho a la sala, hacia los ilustres pretendientes, pero Argos muere a poco de reconocer a su amo luego de veinte años."