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14 jun 2013

Heródoto nos cuenta sobre las momias egipcias




"Hay gente establecida para este trabajo y que ejerce este arte.  Estas gentes, cuando les llevan un cadáver, muestran a quienes se lo han traído modelos de muertos en madera, pintados al natural.  Y dicen que el embalsamamiento mejor es el  de aquél cuyo nombre creo irreverente mencionar en semejante asunto; luego muestran el segundo tipo, inferior al primero y más barato, y después el tercero, que es el más barato.  Dadas estas explicaciones, preguntan a los clientes de qué manera quieren que se les prepare el muerto.  Entonces los clientes convienen un precio y se retiran, y los embalsamadores se quedan en sus talleres y de la manera que sigue se ponen a embalsamar con sumo cuidado.  Primero, con un gancho de hierro extraen el cerebro por las ventanillas de la nariz, en parte por acción del hierro y en parte gracias a drogas que vierten en la cabeza.  Entonces con la piedra etiópica cortante hacen una incisión a lo largo del flanco y sacan todos los intestinos, que limpian y purifican con vino de palma, y los purifican de nuevo con aromas pulverizados.  Después llenan el vientre de mirra pura pulverizada, de canela y de toda clase de aromas excepto incienso, y lo vuelven a coser.  Y hecho esto, salan el cuerpo cubriéndolo con natrón durante sesenta días, y no deben salarlo más tiempo que éste.  Y cuando han transcurrido los setenta días, limpian el muerto y envuelven todo el cuerpo con vendas cortadas de una tela de lino muy fino, untándolas por debajo con goma, que los egipcios ordinariamente emplean en vez de cola.  Entonces los parientes recogen el cuerpo, encargan una caja de madera en forma de hombre; y cuando la tienen hecha meten en ella al muerto, la cierran y así la guaran en una cámara funeraria, donde la colocan derecha contra el muro.  Así preparan los cadáveres de la forma más cara.  Pero en cuanto a los que quieren un tratamiento medio y desean evitar grandes gastos, los preparan como sigue.  Llenan unas jeringas de aceite de cedro y con ellas llenan el vientre del muerto, sin hacer la incisión y sin quitar los intestinos, sino inyectando el líquido por el ano y evitando su retroceso, y salan el cuerpo durante el número de días prescrito.  Y el último día retiran del vientre el aceite de cedro que antes habían introducido; y el aceite tiene tanta fuerza que arrastra consigo, disueltos, los intestinos y las entrañas; en cuanto a las carnes, las disuelve el natrón, y no queda del muerto más que la piel y los huesos.  Y hecho esto, devuelven así el cuerpo, y a ya no se ocupan más de él.  Pero la tercera manera de embalsamar, que sirve para preparar los cuerpos de los pobres es como sigue.  Limpian el vientre con una purga, conservan el cuerpo en sal durante los setenta días y luego lo devuelven para que se lo lleven."



Heródoto "Hisotiras" Libro II  -  86
Traducción de Jaime Berenguer  Amenós
CSIC, 1971

9 feb 2013

Libro "La gente de la ciénaga"


Este libro ha sido uno de los regalos que Papá Noel me dejó estas navidades.  Fue toda una sorpresa porque no conocía su existencia y ha sido una delicia leerlo.

P.V. Glob fue un arqueólogo danés que trabajó como Director General de Museos y Antigüedades del Estado de Dinamarca y como director del Museo Nacional de Copenhague.  Fue sobre todo conocido por sus investigaciones sobre los cuerpos de las turberas, estudiando el hombre de Tollund y el de Grauballe.  Ambos restos momificados están datados en la Edad del Hierro y de la Edad del Bronce y se encontraron dentro de las turberas danesas conservándose en perfecto estado.

El caso de las turberas es muy curioso e importante.  En estos lugares se han llegado a encontrar cuerpos humanos y objetos variados de distintos materiales, la mayoría de ellos de la Edad del Hierro, pero no se trata de hallazgos exclusivos de la antigüedad, hay restos incluso de la Segunda Guerra Mundial.  En el caso de los más antiguos son, en su mayoría, de personas que sufrieron muertes violentas, quizás ejecutados como criminales o como sacrificios, y que después de su muerte eran depositados en la ciénaga.  

No se trata de un hecho aislado de Dinamarca, este tipo de yacimientos se encuentran en muchos otros lugares al norte de Europa incluidas las Islas Británicas.



La conservación de estos cuerpos es debido a el entorno anaeróbico.  Las turberas son "microsistemas" sin aire, a lo que se suman sustancias químicas, lo que provoca que no aparezcan microbios y por lo tanto la materia orgánica no se descompone.  Como las sustancias químicas son ácidos lo único que desaparece es el hueso, pero piel, pelo, órganos internos y sustancias vegetales se conservan perfectamente llegando hasta nosotros los cuerpos con ese aspecto como de cuero curtido.   

Lo más destacable, además de los cuerpos, es la posibilidad de poder investigar las ropas de la época, muchas de ellas representadas por artistas romanos en relieves, pero que mediante estos descubrimientos se han podido estudiar de primera mano.  Y el análisis de los estómagos para conocer cual fue la última ingesta de los personajes ejecutados.

Este libro de Glob me ha encantado.  El libro en realidad el objetivo del autor no era escribir un libro sino que se trataba de una carta que Glob escribe a unas niñas inglesas de un colegio, que le piden información llenas de curiosidad en 1962 a raíz del descubrimiento del hombre de Tollund.  Glob responde gustoso a la carta de las colegialas con este libro, que comienza siendo una carta para pasar a ser una "larga carta" y que dedica a su hija junto a todas las niñas firmantes de la carta (todos sus nombres aparecen en la dedicatoria).  Esta carta-libro fue terminado de escribir el 13 de agosto de 1964.

En el libro (es una increíble siempre leer estas cosas escritas por la mano del mismísimo arqueólogo que realizó los descubrirmientos) se habla del hombre de Tollund, del hombre de Graubelle, de otros descubrimientos humanos dentro de las turberas de Dinamarca así como de otros descubrimientos similares en turberas en otros países.  Termina el libro con dos interesantísimos capítulos, uno sobre como vivían estos daneses de la Edad del Hierro y el porque, según el parecer del autor, ocurrían este tipo de enterramientos.





Un libro muy recomendable, de fácil lectura, de divulgación sin dejar el nivel erudito y académico de una persona de su talla.  Con él he aprendido algo más de aquellas personas cuyas fotos pululan en los manuales de arqueología en el capítulo de conservación junto con las imágenes de las momias egipcias.

Y es que lo tengo que confesar, me encanta leer este tipo de literatura en que los grandes arqueólogos de la historia escriben sus descubrimientos, la pasión con que hablan de sus investigaciones, las descripciones de los lugres de donde extraen sus secretos, y los capítulos con sus conclusiones, son increíbles y parece que vivas junto a ellos sus investigaciones.  

Ojo, cuando uno coge estos libros hay que tener en cuenta que se trata de clásicos y como tales hay que leerlos ya que con el paso del tiempo y el avance de la ciencia muchas de sus teorías han quedado desfasadas, pero no deja de ser un tesoro poder leerlos y poder estar tan cerca de ellos gracias a sus palabras.


Nº de páginas: 230 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editoral: MARBOT
Lengua: ESPAÑOL
ISBN: 9788492728350