22 feb 2026

¿Las Humanidades usan método científico… o es que queremos parecernos a “los de ciencias”?

 Hay una idea que se repite con una seguridad casi conmovedora:

“Bueno… pero eso no es ciencia.”

Suele decirse cuando hablamos de Historia, Filosofía, Filología o Historia del Arte. Como si el método científico fuese una especie de patente registrada del laboratorio.

Vamos a desmontarlo con serenidad. Y con contundencia.

Porque no es verdad.

La ciencia no se define por estudiar partículas o células. Se define por:

  1. Formular preguntas precisas.

  2. Reunir evidencias.

  3. Formular hipótesis explicativas.

  4. Contrastar esas hipótesis.

  5. Someterlas a crítica pública.

  6. Revisarlas si las pruebas cambian.

Eso es método científico.

Y eso es exactamente lo que hacemos en Humanidades.

Cuando un historiador analiza la caída de la República romana, no “cuenta una historia”. Formula hipótesis causales.

  • ¿Influyó la concentración de poder militar?

  • ¿Fue clave la crisis económica?

  • ¿Pesaron más las transformaciones sociales?

Las hipótesis se contrastan con:

  • fuentes literarias,

  • epigrafía,

  • numismática,

  • arqueología,

  • documentación administrativa.

Cada fuente se somete a crítica externa e interna: autenticidad, datación, intencionalidad, contexto.

Esto no es narración libre. Es inferencia controlada.

Marc Bloch lo expresó con claridad: el historiador interroga documentos como un juez interroga testigos. Y, como en cualquier disciplina científica, las conclusiones son provisionales y revisables.

Si aparece una nueva inscripción, una nueva excavación o una reinterpretación documental sólida, la hipótesis cambia.

Eso se llama falsabilidad histórica.

La Filología trabaja con datos objetivos: variantes textuales.

Si diez manuscritos presentan una lectura y dos otra, eso no es opinión. Es dato.

El método de Karl Lachmann permitió reconstruir textos a partir de errores compartidos, estableciendo relaciones genealógicas entre códices.

Se recogen datos. Se formulan hipótesis de transmisión. Se contrastan con coherencia interna. Se revisan ante nuevas evidencias.

Eso es metodología científica aplicada al lenguaje.

La lingüística histórica formuló leyes fonéticas regulares. Regularidades. Predictibilidad. Sistematicidad.

No es estética. Es estructura.

Cuando un historiador del arte atribuye una obra a un taller o a un artista, no lo hace “porque le parece”.

Analiza:

  • composición,

  • técnica,

  • pigmentos,

  • iconografía,

  • documentación archivística,

  • comparaciones estilísticas.

Una atribución es una hipótesis que debe sostenerse con evidencias formales y documentales.

Si un análisis técnico revela un pigmento posterior a la muerte del artista, la hipótesis cae.

Exactamente igual que en cualquier ciencia empírica cuando los datos contradicen la teoría.

La Filosofía no experimenta con sustancias. Experimenta con argumentos.

Una tesis filosófica debe:

  • explicitar premisas,

  • evitar contradicciones,

  • sostener inferencias válidas,

  • resistir objeciones públicas.

Immanuel Kant hablaba de que la filosofía debía encontrar “el camino seguro de la ciencia”. No significaba usar probetas. Significaba abandonar la opinión vaga y adoptar el rigor argumentativo.

Una tesis filosófica puede ser refutada si sus premisas son inconsistentes o si se deriva una contradicción.

Eso es control racional.

Y el control racional es método científico en su forma lógica.

Wilhelm Dilthey distinguió entre explicar fenómenos naturales y comprender acciones humanas. No hablaba de inferioridad. Hablaba de adecuación metodológica.

No estudiamos un discurso político como estudiamos una reacción química.

Pero en ambos casos:

  • formulamos hipótesis,

  • analizamos evidencias,

  • construimos modelos explicativos,

  • aceptamos revisión pública.

Eso es el núcleo del método.

Decir que las Humanidades hablan de método científico por inseguridad es ignorar dos siglos de desarrollo metodológico sofisticado.

La crítica textual sistemática es anterior a la genética moderna.
La historiografía crítica se consolida antes de la física cuántica.
La lógica formal precede a la ciencia experimental moderna.

No es imitación. Es tradición propia de racionalidad.

Lo grave sería renunciar al método.

Sería aceptar que cualquier interpretación histórica vale lo mismo. Que cualquier lectura textual es legítima.  Que cualquier argumento filosófico es respetable por el mero hecho de existir.


Historia, Filología, Historia del Arte y Filosofía:

  • trabajan con evidencias,

  • formulan hipótesis,

  • aplican procedimientos sistemáticos,

  • se someten a revisión académica,

  • aceptan refutación.

Eso es método científico en sentido pleno.

Necesitamos rigor. Y lo tenemos.

Sin complejo. Sin disfraz. Sin pedir legitimidad prestada.

Porque estudiar al ser humano con método es, probablemente, una de las tareas intelectuales más exigentes que existen.

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