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8 mar 2026

Cuando la poesía se disfraza de historia: leer entre líneas sin perder el rigor



Quienes investigamos el mundo antiguo debemos ser extremadamente cuidadosos al leer una fuente griega o romana y convertir su relato en “hecho histórico”. Autores como Heródoto, Tucídides, Tito Livio o Tácito no escribían desde la neutralidad moderna: seleccionaban, interpretan y modelaban los hechos según su contexto político, sus objetivos literarios y su propia visión moral del pasado. Sus obras son testimonios valiosísimos, pero también construcciones retóricas que responden a intereses, géneros y tradiciones concretas. Por ello, el investigador debe interrogar el texto: preguntarse quién escribe, para quién, en qué momento y con qué intención; contrastarlo con otras fuentes y con la evidencia material; y distinguir cuidadosamente entre dato, interpretación y propaganda.

La prudencia debe extremarse aún más cuando trabajamos con autores satíricos, porque en ellos la exageración, la caricatura y la distorsión forman parte esencial del género literario. En las Sátiras de Juvenal, por ejemplo, la Roma imperial aparece como un escenario de corrupción desmedida, decadencia moral y vicios sin freno; pero su objetivo no es ofrecer una crónica fiel de la realidad social, sino provocar, moralizar y escandalizar al lector mediante la hipérbole y el tono indignado. Tomar literalmente sus descripciones (sobre mujeres, extranjeros, clientes, libertos o ricos) sería ignorar que la sátira romana construye tipos y no retratos sociológicos. El investigador, por tanto, debe separar la convención literaria del posible sustrato histórico y leer entre líneas, consciente de que en estos textos la deformación es deliberada y constituye, precisamente, su fuerza expresiva.

Voy a proponerte un ejercicio práctico.  Imagina que dentro de 2000 años encuentran este texto: 


Este invierno sin ti se me está haciendo eterno
Eterno como el día que te fuiste de aquí
Y le he escuchado decir en el barrio a los viejos
Que nunca ha hecho tanto frío en Madrid
Nunca ha hecho tanto frío en Madrid.

El texto estaría firmado por dos autores: Alvaro Luna y David Merino.

El historiador del futuro vería el texto y los nombres y, probablemente, investigando, llegaría a saber que se publicó a finales de 2025. Incluso podría formular la hipótesis de que se trata de una poesía de amor por el tono y el significado de sus frases, o quizá que, efectivamente, estamos ante la letra de una canción.

Si esos historiadores hicieran lo que hoy hacen algunos con determinadas fuentes, tomándolas al pie de la letra, concluirían que ese año fue el más frío que se había vivido en Madrid y así lo escribirían en un artículo científico. Otros colegas se harían eco del hallazgo y el supuesto “dato” comenzaría a circular: 2025 habría sido el invierno más frío del siglo XX y del XXI.

La realidad, sin embargo, es bien distinta. El invierno de 2025 fue un invierno muy cálido, con temperaturas medias por encima de lo normal y sin olas de frío destacadas, situándose entre los más cálidos de la serie histórica desde 1961 en España y también en la región de Madrid.

El problema es que el grupo La La Love You (al que pertenece la canción citada) utiliza una afirmación climática como recurso poético: se trata, sencillamente, de una hipérbole. Una figura retórica que muchos autores antiguos también utilizaron y que hay que saber detectar en un texto.

Por eso, quien investiga no puede leer estos textos como si fueran un acta notarial. Tiene que saber distinguir qué es recurso literario y qué podría esconder un dato real, aprender a leer entre líneas y entender que, en muchos casos, la exageración no es un fallo ni una mentira, sino una herramienta artística utilizada a propósito para emocionar, impactar o llamar la atención.

En resumen, hay que tener mucho cuidado al sacar datos históricos de textos que no fueron escritos para dar información objetiva, sino para convencer, enseñar, divertir o emocionar. Un poema, una sátira, un discurso político o cualquier obra literaria puede ofrecernos pistas sobre el pasado, pero no son un registro neutral de los hechos. Si los leemos sin fijarnos en su estilo, intención y contexto, podemos confundir la ficción o la exageración con la realidad histórica.

Por eso, quien investiga debe mirar con ojo crítico: separar los datos de la interpretación y del recurso literario, y siempre contrastar lo que dice la fuente con otras evidencias y testimonios. Solo así evitamos tomar por verdad lo que es creación artística y mantenemos el rigor al acercarnos al pasado.

Y ahora la canción para que la disfrutemos:




Tal vez sea el frío o soy yo
Pero me hace bostezar
Me da por otro café
Donde solíamos quedar
Y me he acordao' de que tú
Nunca habías visto nevar
Las chicas que sois del sur huis del frío polar

Y me has dejado a mi aquí
Viendo la tele del bar
Han puesto la previsión y qué sorpresa
Merece un aumento
El hombre del tiempo
Conmigo hoy ha vuelto a acertar

Es solo un día más que te echo de menos
Es otro día gris que mе acuerdo de ti
Que los días dе sol se fueron contigo
Y con frío no se puede dormir
Este invierno sin ti se me está haciendo eterno
Eterno como el día que te fuiste de aquí
Y le he escuchado decir en el barrio a los viejos
Que nunca ha hecho tanto frío en Madrid
Nunca ha hecho tanto frío en Madrid.


Se me ha debido colar la lluvia en el corazón
Y aunque me intento abrigar
No puedo entrar en calor
Desde que no estás aquí
Todo ha cambiado a peor
Ya ni se puede salir
Que caro que está Madrid

Y es que ahora una nube gris
Me sigue allá donde voy
Tratándote de olvidar
Pero confieso
Me guardo un 'te quiero' en el chubasquero
Por si un día decides venir (venir)

Es solo un día más que te echo de menos
Es otro día gris que me acuerdo de ti
Que los días de sol se fueron contigo
Y con frío no se puede dormir
Este invierno sin ti se me está haciendo eterno
Eterno como el día que te fuiste de aquí
Y le he escuchado decir en el barrio a los viejos
Que nunca ha hecho tanto frío en Madrid



Y anuncian que va a salir
De entre mis nubes el sol
Y que ahora llega por fin la primavera
Pero le quiero pedir solo un pequeño favor
Que no se acuerde de ti
Que no se acuerde de ti
Que no se acuerde de ti
Que no se acuerde de ti
De ti, de ti

Es solo un día más que te echo de menos
Es otro día gris que me acuerdo de ti
Que los días de sol se fueron contigo
Y con frío no se puede dormir
Que este invierno sin ti se me está haciendo eterno
Eterno como el día que te fuiste de aquí
Y le he escuchado decir en el barrio a los viejos
Que nunca ha hecho tanto frío en Madrid
Nunca ha hecho tanto frío en Madrid
Nunca ha hecho tanto frío en Madrid

1 mar 2026

No excavo, pero soy arqueóloga







Hola, soy María Engracia. Soy arqueóloga. Y sí, hace mucho, muchísimo tiempo que no excavo.

No os podéis ni imaginar la cantidad de veces que he tenido que escuchar aquello de: “Ah, pero si no excavas… entonces no eres arqueóloga", y ojo, estos comentarios me los han dicho colegas de profesión.

Como si la arqueología cupiera entera en una zanja. Como si el cepillito fuera un carné profesional. Como si pensar, analizar, investigar, reinterpretar, publicar o enseñar no formara parte del oficio.

Cansa. Cansa mucho.

Porque detrás de esa frase hay una idea reducida, casi caricaturesca, de lo que hacemos. Y viniendo de profesionales, aún es más doloroso porque parece que no han entendido nada.

Lo cierto es que la arqueología no es solo tierra bajo las uñas: es método, es laboratorio, es archivo, es debate, es hipótesis, es revisión constante. Es construir conocimiento a partir de la cultura material, se haya excavado ayer o hace cien años.

Os cuento...

Durante muchísimo tiempo hemos reducido la figura del arqueólogo a la imagen que las pelis nos han dado: una persona con sombrero, brocha en mano, arrodillada bajo el sol, retirando cuidadosamente la tierra que cubre un mosaico. Esa escena existe, sí. Pero un arqueólogo (arqueóloga en mi caso) puede dedicarse a trabajar en muchos otros campos.

La definición de arqueología según los grandes investigadores y arqueólogos referentes es:

Gordon Childe, uno de los grandes teóricos del siglo XX, definía la disciplina como: "La arqueología es el estudio de las sociedades humanas a través de sus restos materiales".

Otro grande, Colin Renfrew, decía en su manual "Arqueología: Teorías, métodos y prácticas": "La arqueología es la disciplina que busca comprender el pasado humano mediante el estudio sistemático de los restos materiales".

Uno más, Lewis Binford, impulsor de la "Nueva Arqueología" (procesualismo), afirmó: "La arqueología es antropología o no es nada".

Y el último (aunque hay más): Ian Holder, desde la arqueología postprocesual: "La arqueología trata de interpretar el significado de la cultura material en su contexto social".

Según todas esas definiciones, un arqueólogo no es solo quien excava. Es, ante todo, quien formula preguntas sobre el pasado y busca responderlas a través de la cultura material. Y esa búsqueda no empieza ni termina en una excavación del suelo.

Obviamente, excavar es una herramienta. Imprescindible, fundamental y apasionante, incluso irrepetible porque cada excavación destruye el contexto que documenta, pero una herramienta al fin y al cabo. La arqueología es método, análisis, interpretación. Es laboratorio, archivo, biblioteca, museo, paisaje y tecnología. Es microscopio y satélite.

¿Acaso no hace arqueología quien estudia miles de fragmentos cerámicos procedentes de antiguas campañas para reconstruir redes comerciales? ¿No es arqueólogo quien analiza restos óseos para comprender la alimentación, las enfermedades o la violencia en una comunidad antigua? ¿No lo es quien trabaja con fotografías aéreas, con sistemas de información geográfica, con prospecciones geofísicas que permiten “ver” bajo tierra sin mover un solo gramo de suelo?

La arqueología contemporánea dialoga con la química, la física, la biología, la geología y la informática. Un análisis de isótopos puede revelar migraciones. Un estudio de pólenes puede reconstruir paisajes desaparecidos. Una revisión crítica de viejas memorias de excavación puede cambiar por completo la interpretación de un yacimiento. Nada de eso requiere empuñar una azada, pero todo ello es arqueología en estado puro.

También es arqueólogo quien reflexiona sobre los procesos de formación de los depósitos, quien revisa colecciones olvidadas en un almacén, quien reinterpreta materiales excavados hace un siglo. Porque la excavación no es el final del camino: es apenas el comienzo de un larguísimo proceso intelectual.

Reducir la arqueología a la excavación es como decir que un historiador solo es quien encuentra documentos en un archivo, o que un médico solo es quien opera. Es confundir una fase del trabajo con la profesión entera.

Y hay algo más importante todavía: no todo el pasado está bajo tierra esperando ser excavado. Parte de él está ya excavado y necesita ser comprendido. Parte está en pie, en paisajes, en arquitectura, en objetos conservados. Parte está en los silencios de lo que no se encontró. Y ahí también trabaja el arqueólogo.

Defender que arqueólogo no es solo quien excava no es minusvalorar la excavación. Es, precisamente, dignificar la disciplina. Es recordar que la arqueología no es un espectáculo de tierra y pincelito, sino una ciencia histórica compleja, crítica y profundamente interdisciplinar.

Ser arqueólogo es mirar un fragmento y ver un sistema. Es mirar una estratigrafía y leer una historia. Es formular hipótesis, contrastarlas, revisarlas, discutirlas. Es aceptar que el conocimiento del pasado se construye colectivamente y a lo largo del tiempo.

Excavar es emocionante. Pero pensar, interpretar y comprender lo excavado es lo que convierte la tierra removida en historia.

Y esa tarea no se hace solo en la excavación. Se hace allí donde haya una pregunta honesta sobre el pasado y una metodología rigurosa para responderla.

Así que sí, no excavo desde hace tiempo.
Y sí, sigo siendo arqueóloga.

22 feb 2026

¿Las Humanidades usan método científico… o es que queremos parecernos a “los de ciencias”?






Hay una frase que escucho con cierta frecuencia. La semana pasada ocurrió una vez más: "Las humanidades no son ciencia".

Suele aparecer cuando hablamos de Historia, de Filosofía, de Filología o de Historia del Arte (al menos estas son las disciplinas que conozco). Como si la ciencia fuera un territorio exclusivo de las batas blancas y los tubos de ensayo. O como si solo si se utilizan números (estadística, por ejemplo) hay un método científico.

Pero la ciencia no se define por su escenografía ni por el uso de las matemáticas. Y tampoco lo que convierte algo en ciencia no es el objeto de estudio, sino el modo de aproximarse a él. Es el método.

Y el método científico se basa simplemente en formular preguntas bien delimitadas, reunir evidencias, construir hipótesis que expliquen esas evidencias, contrastarlas, someterlas a la crítica de la comunidad académica y revisarlas si los datos obligan a hacerlo.

Eso es exactamente lo que hacemos en Humanidades.

Cuando trabajamos con inscripciones antiguas, no “interpretamos libremente”: analizamos soportes, contextos arqueológicos, paralelos textuales, cronologías. Cuando estudiamos un edificio romano, no opinamos sobre si “nos parece bonito”: examinamos técnicas constructivas, fases de obra, fuentes literarias, transformaciones históricas. Cuando discutimos una corriente filosófica, lo hacemos a partir de textos, tradiciones manuscritas, marcos conceptuales y debates previos.

¿Hay interpretación? Por supuesto. Como la hay en física teórica cuando se construyen modelos para explicar datos que no se ven directamente.

Lo que ocurre es que en Humanidades el objeto de estudio es el ser humano en el tiempo: su pensamiento, sus creencias, sus sistemas simbólicos, su cultura material. Y eso incomoda a veces, porque no siempre produce resultados cuantificables en una gráfica. Pero el rigor no se mide en números.

Pondré algunos ejemplos, solo de las disciplinas que conozco y más cercanas a la historia.

Comencemos por la historia, por supuesto. Cuando los historiadores estudiamos la caída de la República romana, no estamos simplemente “contando cómo terminó todo”. Estamos intentando explicar un proceso complejo.

Y explicar implica formular hipótesis. Y las hipótesis se utilizan para dar respuestas a preguntas que se contrastan con evidencias. Con las fuentes literarias, pero también con la epigrafía, la numismática, la arqueología, etc. Cada tipo de fuente aporta un punto de vista distinto; la suma nos da un resultado que es una hipótesis (una respuesta que puede o no ser cierta). El trabajo consiste precisamente en cruzarlas, tensionarlas, hacerlas dialogar.

Y, como en cualquier disciplina científica, las conclusiones son provisionales. Si aparece una nueva inscripción, si una excavación modifica la cronología aceptada, si una reinterpretación documental está sólidamente argumentada, las hipótesis deben revisarse. Quién no lo hace no es un buen científico, falsea la historia.

Se trata, sencillamente, de aplicar el mismo principio que rige en cualquier otra ciencia: nuestras explicaciones valen mientras resistan la crítica y las pruebas disponibles. Cuando dejan de hacerlo, se cambian.

¿Qué ocurre con la filología?

La filología trabaja con datos. Y los datos, en este campo, se llaman variantes textuales.

Si diez manuscritos transmiten una lectura y dos ofrecen otra, no estamos ante una cuestión de gusto: estamos ante un hecho verificable. A partir de ahí empieza el análisis. ¿Comparten esos diez manuscritos errores comunes? ¿Proceden de un mismo modelo perdido? ¿Son independientes entre sí o copias de una copia?

El método científico en filología recoge los datos, propone un stemma, comprueba si funciona y revisa si aparecen nuevos testimonios o si el análisis revela inconsistencias.

Lo mismo sucede en lingüística histórica. Cuando se formularon las leyes fonéticas regulares, se estaban detectando regularidades. Estructuras. Patrones predecibles.

También la Historia del arte

Y algo muy parecido ocurre en Historia del Arte. Cuando se atribuye una obra a un taller o a un artista concreto, no se hace porque “lo parezca”. Se analizan la composición, la técnica, los pigmentos, la preparación del soporte, la iconografía, la documentación archivística, las comparaciones estilísticas con obras seguras.

Como resultado, se lanza una hipótesis y, como siempre, esta debe sostenerse con evidencias, con pruebas técnicas y documentos. Si un análisis técnico detecta un pigmento cuya fabricación comenzó después de la muerte del supuesto autor, la atribución se viene abajo. No por orgullo herido, sino porque los datos la contradicen.

Y la filosofía, ¿es una ciencia?

Una tesis filosófica debe explicitar premisas, evitar contradicciones, sostener inferencias válidas y resistir objeciones públicas.

Como ciencia que es, una tesis filosófica puede ser refutada si sus premisas son inconsistentes o si se deriva una contradicción.

Resumiendo: en Humanidades también hay método científico, puesto que formulamos hipótesis, analizamos evidencias, construimos modelos explicativos, aceptamos revisión pública. Todas estas premisas son el núcleo del método. Así que Historia, Filología, Historia del Arte y Filosofía: trabajan con evidencias, formulan hipótesis, aplican procedimientos sistemáticos, se someten a revisión académica, aceptan refutación.

Como científicos que somos, nos sentimos responsables. Y nuestro trabajo tiene un método. Todo ello se traduce en una palabra que para nosotros es ley: RIGOR.


25 ene 2026

Cuando Roma se convierte en mito: recreación histórica, ideología y manipulación del pasado. Una reflexión.


En las últimas décadas, la recreación histórica de la antigua Roma ha experimentado un crecimiento notable. Asociaciones, festivales, desfiles y actividades didácticas han contribuido a acercar el mundo romano al gran público de una manera visual, participativa y, en muchos casos, honesta y bien documentada. Sin embargo, junto a este desarrollo positivo, se observa en algunos ámbitos concretos una deriva preocupante: la apropiación del imaginario romano por discursos vinculados a la extrema derecha.

Este fenómeno no es nuevo ni exclusivo de la recreación histórica. Desde hace más de un siglo, determinados movimientos ideológicos han instrumentalizado la Roma antigua como símbolo de orden, fuerza, jerarquía y supuesta superioridad cultural. En la actualidad, ciertos grupos extremistas recuperan ese imaginario de forma simplificada y selectiva, exaltando la disciplina militar, la violencia ritualizada, la masculinidad agresiva o la idea de un “Occidente” homogéneo y amenazado. En ese contexto, la recreación romana puede convertirse en un vehículo visual muy potente para transmitir mensajes políticos contemporáneos bajo la apariencia de una actividad cultural neutra.

El problema no reside en la recreación en sí, ni en el interés por el ejército romano, los gladiadores o los rituales públicos. El riesgo aparece cuando se descontextualiza la historia y se presenta una Roma idealizada, desprovista de sus contradicciones, de su diversidad étnica y cultural, de sus conflictos sociales y de sus profundas desigualdades. En esos casos, la Antigüedad deja de ser objeto de estudio para convertirse en mito: un pasado imaginado que legitima valores actuales, no una realidad histórica compleja que debe ser analizada críticamente.

Además, esta deriva suele ir acompañada de un rechazo explícito o implícito al conocimiento académico. Se desacredita la investigación histórica en favor de una “tradición” reconstruida, se confunde recreación con verdad histórica y se sustituye el debate crítico por consignas identitarias. Esto empobrece enormemente la divulgación y genera un relato falso de Roma, donde no hay espacio para la esclavitud como sistema económico, para la violencia estructural, para el papel de las mujeres, para la movilidad social limitada o para la pluralidad religiosa y cultural del Imperio.

Convertir la recreación histórica en un instrumento ideológico es un error grave por varios motivos. En primer lugar, porque traiciona el rigor histórico: la Roma antigua no fue un modelo moral ni político exportable al presente, sino una sociedad profundamente distinta, con valores que no pueden trasladarse sin una reflexión crítica. En segundo lugar, porque daña la credibilidad de la recreación como herramienta educativa y divulgativa, alejándola del público y de las instituciones culturales. Y, finalmente, porque banaliza la historia, reduciéndola a un decorado estético al servicio de discursos excluyentes.

La recreación histórica tiene un enorme potencial pedagógico si se practica con responsabilidad, conocimiento y espíritu crítico. Usar la Antigüedad para justificar ideologías contemporáneas no solo distorsiona el pasado, sino que empobrece nuestro presente. Entender Roma en toda su complejidad (sin mitificaciones ni apropiaciones interesadas) es la mejor manera de aprender de ella.

30 nov 2025

No más libros mal editados


Quien me conoce y me sigue sabe que soy una lectora voraz de libros de divulgación histórica y novela que tratan de temas sobre el Mediterráneo antiguo.  Es parte de mi oficio como divulgadora científica estar al día de lo que se publica para poder dar respuestas a algunos de mis seguidores: muchos me preguntáis mi opinión sobre lecturas recomendadas, listados bibliográficos para preparar oposiciones o simplemente tenéis curiosidad sobre este o aquel libro.  

Esta entrada en el blog llevo meses madurándola. Y al final la he tenido que vomitar porque cada vez son más los libros que leo y que me decepcionan.  

Y es que no deja de doler ver cómo algunas editoriales han decidido que pueden publicar libros sin corregir, como si el lector fuese incapaz de notar la diferencia.  Abres un libro y te encuentras erratas por todas partes, frases mal hiladas, páginas que parecen escritas a toda prisa o que tienen un nivel de redacción de secundaria.  Y lo peor es esa sensación amarga de que nadie se ha molestado en revisar nada.  Que han dado por bueno un manuscrito sin el más mínimo respeto.

Y el lector calla... o, lo que es peor, aplaude un libro por su calidad cuando esta es prácticamente inexistente. 

Duele mucho.  Duele pagar lo que pagamos hoy por un libro (que no es precisamente poco) y descubrir que la editorial (y suelen ser bastante importantes, grandes y que -supuestamente- mueven mucho dinero) ha escatimado justo en lo más básico: la corrección. 

¿De verdad piensan que no nos importa? ¿Que leeremos igual aunque el texto esté lleno de fallos? Es frustrante sentir que quienes deberían cuidar la calidad del libro prefieren ahorrarse un corrector antes que ofrecer un producto digno.

Es una falta de respeto, así de simple.  Un desprecio silencioso pero evidente hacia el lector, que confía, que compra, que espera mínimos que antes eran incuestionables.  No hablamos de pequeños despistes inevitables: hablamos de libros que nadie se ha molestado en repasar.  Y ese descuido, convertido ya en costumbre en algunas editoriales, indigna y entristece a partes iguales. 

Luego nos quejamos de que la gente no sabe escribir, que sus textos son de baja calidad, pero es que leyendo es como se aprende a redactar, mejorar el estilo, incluso la ortografía... y los maestros son los libros; así serán los discípulos...

Un libro debería ser un objeto cuidado, trabajado, mimado. Y ver cómo se devalúa por pura dejadez editorial o porque prima el objetivo económico sobre el cultural duele profundamente.  

Yo estoy cansada de tener que aceptarlo como si fuese normal.

No lo es.

No debería serlo jamás.

2 nov 2025

Cuando excaven Picanya en el año 4025: arqueología de una DANA

Esta semana se ha cumplido un año del desastre que asoló mi pueblo. Hace un año de la barrancada de la DANA. ¿Os habéis preguntado cómo verán los arqueólogos este desastre natural dentro de 2000 años? Vamos a imaginarlo, y ver de forma muy rápida, algunos de los cambios más evidentes que dejarán su huella en el municipio.



Año 4025. En lo que un día fue la huerta valenciana, un grupo de arqueólogos excava los estratos de un antiguo municipio llamado Picanya. Entre las capas de tierra, detectan un nivel inusual: una franja compacta de barro, fragmentos de ladrillo, restos de asfalto y trazas de microplásticos.Lo datan en torno al otoño del año 2025 y lo relacionan con un episodio meteorológico extremo. Lo llaman “el estrato de la DANA”.

Esa capa contará, miles de años después, la historia de un instante. Un día el barranco que pasaba por la localidad se desbordó, las calles se convirtieron en cauces y el agua invadió casas, garajes y huertos. Desde el punto de vista arqueológico, aquel episodio dejó una cicatriz en el terreno. Esta cicatriz es una frontera visible entre el orden cotidiano y el caos del agua.

El registro geológico guardará la memoria de esa violencia. Capas de limo y arena arrastradas por la escorrentía, restos de materiales urbanos mezclados con tierra, huellas de erosión que cortan los niveles anteriores. Los análisis químicos revelarán concentraciones anómalas de microplásticos y metales pesados transportados por las aguas torrenciales.

PPara quienes excaven dentro de dos milenios, será evidente que ocurrió algo abrupto. Tal vez describan la capa como una discontinuidad sedimentaria antropogénica, o quizá (más poéticamente) como “la herida del agua”.

El entorno de Picanya también hablará. El barranco aparecerá con modificaciones. El análisis polínico mostrará un cambio repentino: semillas colonizaron los terrenos removidos.

La DANA no solo transformó el paisaje, sino también los objetos de la vida diaria.En los estratos más superficiales aparecerán utensilios domésticos, juguetes de plástico, fragmentos de muebles, cables, piezas de automóviles, baterías de litio y pantallas electrónicas inutilizadas por el agua.

Pero lo más interesante no será únicamente la destrucción. También será visible la reconstrucción, porque toda catástrofe deja, además de ruina, una nueva capa de actividad humana.

En las excavaciones del año 4025 se apreciará un cambio brusco en los materiales de construcción. Habrá cementos más densos, aislamientos modernos, garajes reforzados y redes de alcantarillado ampliadas.

Las viviendas mostrarán reformas generalizadas: baños y cocinas renovados, pavimentos nuevos, azulejos de diseño uniforme de mediados de la década de 2020.

Los arqueólogos encontrarán una oleada de coches con matrícula nueva, concentrada en el mismo periodo. Esto es evidencia de la pérdida del parque automovilístico arrasado por el agua.

Todo esto indicará una fase intensa de reconstrucción, una especie de "resiliencia material" que no pasará inadvertida.

Picanya, al reconstruirse, inscribió en su propio tejido urbano el recuerdo del desastre. Cada obra, cada muro recalzado, cada vehículo recién estrenado, fue parte de la respuesta a la DANA.

Dentro de dos mil años, Picanya no será solo una ciudad enterrada: será un relato fósil de nuestra época.

Entre el barro y el hormigón, entre el desastre y la reparación, los arqueólogos del futuro encontrarán algo profundamente humano: la necesidad de recomenzar.

La DANA de 2025 no desaparecerá en el silencio del tiempo. En los cimientos de Picanya quedará su doble huella: la del agua que arrasó y la del ser humano que reconstruyó. Capas de barro y cemento narrarán la misma historia: la lucha constante entre el clima y la cultura.

10 ago 2025

Reflexión personal: El peligroso uso de las fuentes en el mundo antiguo. El ejemplo de Roma.




Estoy leyendo un libro en estos momentos que me ha dado qué pensar.  No es que este libro sea una excepción, es más bien uno más de muchos, pero debe ser que estos calores han recalentado mi cerebro, que se ha puesto él solito a elucubrar.

Cuando leo divulgación o ciencia, da igual, siempre me encuentro con varios elementos que yo intento desligar (aunque no siempre es fácil).  Hay muchos más, pero estos son especialmente llamativos:

- Por un lado, englobar Grecia y Roma en las argumentaciones para crear paradigmas, como si "mundo grecorromano" fuese una realidad cuando es un concepto creado posteriormente.

- Por otro, utilizar las fuentes de forma indiscriminada, sin tener en cuenta qué tipo de fuente es, qué objetivos tiene y el contexto en el que se escribió.

- Un tercero, no tener en cuenta el momento en que se produce un hecho (ya no digamos el contexto en que se escribe ese hecho) que se utiliza para cualquier momento histórico posterior, como si la historia no evolucionase y, en el caso de Roma, fuese completamente inmovilista.

Me explico, o al menos voy a intentarlo. Lo que voy a contar es complejo a la hora de hacerme entender...

Sobre el primer punto, hablar de Grecia y Roma (como si ambas fuesen lo mismo), ya sea sobre política, religión, cultura, arte o historia, o lo que sea, lo considero un enorme error porque nos está dando datos que nada tienen que ver con la realidad.  Pongamos un ejemplo actual: imaginemos que dentro de 2000 años se estudia la historia de nuestro país, y que, como son pocos los datos que se tienen porque se ha perdido la mayoría de la información, se toman los de otros países que han estado en contacto con nosotros. Así, para hablar de España, cogemos información de Portugal o Francia, de los que tampoco ha llegado mucha información.  De manera que hacemos un libro de divulgación sobre España, pero cuando nos falta algo, tenemos una laguna o un agujero, lo tomamos de cualquiera de los otros dos países por el mero hecho de ser vecinos y de que en algún momento hubo una conquista o una relación constante entre nosotros. La historia de España estaría falseada, ¿verdad? Entonces, ¿por qué lo hacemos con Grecia y Roma? Y, vamos más allá, si lo hacemos con estos dos lugares, ¿por qué no lo hacemos también con Egipto, con Cartago...? La respuesta es muy simple: arrastramos un helenocentrismo decimonónico que deberíamos comenzar a olvidar.  Si tenemos pocos datos textuales de Roma, centrémonos en lo que tenemos y utilicemos lo que sabemos a ciencia cierta.  Además, debemos utilizar al mismo nivel la arqueología y darle el mismo peso que a una fuente.  Lo mismo respecto a Grecia.  Dejemos de hacer un todo en uno y olvidémonos de generalizar, porque es un tremendo error que nos da datos que no son correctos. Un ejemplo muy simple: considerar las leyendas como historia; no, Rómulo no existió, fue uno de esos elementos que los "historiadores" adoptaron para defender su genealogía. 

Sobre el segundo punto que comento más arriba. Creo que es un error no tener en cuenta la tipología de fuentes. Comencemos partiendo de que lo que nosotros llamamos historiadores no lo son; son más bien una especie de "cronistas". Un historiador no es solo aquella persona que habla de historia, sino aquel que intenta hacerlo de la forma más objetiva posible. Además, tiene una formación adecuada para poder acercarse a un hecho histórico desde un conocimiento de las herramientas, lo que se llama una metodología científica.  Los romanos no estaban formados, no se acercaban a las fuentes anteriores a ellos de forma crítica, ni tenían criterio a la hora de hacerlo.  Lo que hacían era escribir una "historia" que les beneficiaba políticamente, así que, o manipulaban los datos o recogían aquellos que les eran útiles. 

Por otro lado, no podemos dar la misma verosimilitud a uno de esos autores, llamémoslos "historiadores", que a un satírico o a un poeta. Cierto que todos hablan del momento en el que viven y que algunos datos pueden ser interesantes, pero siempre hay que tener en cuenta, a la hora de estudiarlos y analizarlos, que pesa mucho en sus textos tanto su personalidad, sus vivencias y su idiosincrasia como el público al que eran dirigidos estos escritos. Así que cuidado, porque probablemente el dato que estamos tomando de estos autores no puede tener el peso que le estamos dando en nuestra argumentación como historiadores. 

Por último, otro error tremendo es utilizar un dato histórico para generalizar en el resto del periodo que estamos analizando. Me explico: no podemos tomar el dato anecdótico (y generalizarlo para toda la historia de las romanas) de que Augusto promulgó una ley X que daba ciertos derechos.  Conocemos el dato de la ley, cierto, pero no el que nos cuenta hasta cuándo perduró y si alguno de los emperadores que lo siguieron la tuvo en cuenta o se la saltó. Este es un ejemplo, pero hay muchos más. Quien habla de ley habla de cualquier otro aspecto de la vida cotidiana, de la política, del arte o de la religión. 

Y a todo ello se añade que entonces, como hoy, hay millones de personas con sus propias ideas, personalidades y formas de vida, y que todo ello podía afectar no solo a la microhistoria, también, de forma global, a la macrohistoria, que parece que cuando hablamos del mundo romano lo hacemos de arquetipos o modelos inmovilistas. Que analizamos a aquellos antiguos romanos como si jugásemos a un juego infantil de esos de encajar piezas. 





Puede que pienses que esto solo puede afectar a los que estudiamos y escribimos sobre historia del mundo antiguo, pero si eres lector o aficionado al conocimiento de los pueblos del Mediterráneo, deberías tener también en cuenta estos datos cuando te enfrentes a la lectura de un libro. La historia del mundo antiguo es mucho más compleja de lo que parece porque carecemos de datos y, repito porque ya lo he dicho más arriba, utilizar y generalizar algunos de ellos nos está dando una imagen errónea de cómo era la realidad. 



13 jul 2025

Exposición "venerades i temudes"

Venerades i temudes (Foto propia)

La exposición “Venerades i temudes. El poder femenino en el arte y las creencias” hace un recorrido de unos 5 000 años. Analiza cómo la figura femenina ha sido un elemento tanto sagrado como lo temido. Nosotras hemos sido desde diosas y espíritus hasta santas y demonios.

En esta publicación solo voy a subir algunas (hay muchas más) fotos relacionadas con el Mediterráneo antiguo. También hay de otros pueblos y culturas que no aparecen aquí.

Figuras femeninas. Islas Cícladas. Mármol. 2400-2500 a. C. (Foto propia)

La exposición ha sido organizada por CaixaForum en colaboración con el British Museum. En ella podemos ver más de 150 piezas, todas relacionadas con la figura femenina. La cronología abarca desde épocas paleolíticas hasta el arte contemporáneo.

Sacerdotisa de Deméter. Eleusis. Mármol. 370-360 a. C. (Foto propia)

Se divide en cinco secciones temáticas:

1. Creación y naturaleza

2. Pasión y deseo

3. Magia y maldad

4. Justicia y defensa

5. Compasión y salvación

Venus. Italia. Mármol. 100-150 d. C. (Foto propia)


Cada sección combina obras históricas (como estatuas de Kali, amuletos egipcios o Sheela‑na‑gig irlandesas) con piezas actuales de artistas como Ana Mendieta, Zanele Muholi o Cristina Lucas.

Ishtar. Irak. Arcilla pintada. 1750 a. C. (Foto propia)

El objetivo es explorar si las representaciones femeninas cambian, o no, a lo largo del tiempo.

Cupido. Italia. Mármol. 100-200 d. C. (Foto propia)

Figuras potentes como Ishtar, Lilith o Sekhmet representan la dualidad vida‑muerte, creación‑destrucción.

Devoto de Isis. Roma. Mármol. 150-200 d. C. (Foto propia)

La sala de Magia y maldad cuestiona la figura histórica de la bruja: misteriosa, peligrosa, pero también sabia y liberadora.

Jarrón con imagen nupcial. Italia. Cerámica pintada. 340-320 a. C. (Foto propia)

En Justicia y defensa, destacan esculturas de Kali y performances como “Habla” de Cristina Lucas, que rompen con patrones patriarcales.



Medusa. Terracota. Italia. c. 500 a. C. (Foto propia)


La última sección vincula figuras como la Virgen María con deidades compasivas y modernas reinterpretaciones con hilo de bordar de Tania Berta Judith.


Hecate. Italia. Mármol. 161-200 d. C. (Foto propia)

Una exposición que no solo muestra arte, sino que provoca preguntas sobre género, identidad, colonialismo y género no binario.

Minerva. Italia. Mármol. 1-160 d. C. (Foto propia)


Advertencia: Para poder ver, disfrutar y entender en profundidad la explicación, es necesario dedicarle mínimo 2 horas.

Datos de la exposición:

Lugar: Caixaforum de Valencia, del 8 de mayo al 31 de agosto de 2025.

Precio: 6 €, gratis para menores de 16 años y clientes Caixabank.












1 jun 2025

Algo nuevo se está cociendo: Ecos de tinta




Dejo aquí esta corta publicación para anunciaros que a partir de ahora "Ecos de tinta" se convierte en mi blog de reseñas críticas sobre libros (ensayo y novela) de historia antigua.

Realmente se trata de un trabajo ya estaba realizando en mi Istagram, pero que he creído mucho más práctico publicarlo de forma accesible a todos mis seguidores e ineresados en la lectura. En las redes sociales debido a la cantidad de publicaciones que hago se quedaban invisibilizadas mis reseñas y valoraciones. Publicándolo de esta forma queda mucho más a mano de todos, aparecen los libros en las búsquedas por web y encontrar el título deseado es mucho más rápido.

Espero que os animéis a compartir lo que publique y a seguirme en aquel otro espacio.

En "Arqueología en mi jardín" seguiré publicando temas relacionados con la arqueología, el arte y la historia antigua o aquello que crea interesante.

Gracias por seguirme y estar siempre ahí.





24 may 2025

Divulgadoras de calidad y asequibles "ex" redes sociales: ¡¡no te las pierdas!!




Sé que estamos en un momento en el que los seguidores son el reclamo para muchas instituciones, que están apostando por esos colegas que suman miles de miles de personas que los oyen (porque prima eso, que se les oye y ve, no se les lee). 

Así que la entrada de hoy se la quiero dedicar a unas mujeres cuyas cuentas en redes sociales no suman más de 3000 seguidores.  Esas que no se exponen públicamente.  Son grandes divulgadoras, con mucha calidad, pero que pasan desapercibidas para el público en general por dos motivos: son mujeres y no tienen gran cantidad de seguidores o no trabajan en sus redes sociales.  

Como todas ellas son magníficas en su trabajo de compartir con la sociedad sus conimientos, están super preparadas y son (básicamente) la leche en lo que hacen, no puedo hacer un ranking. Me confieso muy fan de todas ellas. Hay más, pero por ahora he seleccionado cinco.  

Este es el listado de las más top para mi en conocimientos, calidad, claridad y con ganas de hacer llegar al público todo lo que saben y han aprendido. Son (con sus cuentas de instagram, algunas son más de Facebook, así que puedes encontrarlas en una red u otra, algunas no divulgan en redes sociales):

INMACULADA VIVAS @inmaculadavivas

Doctora, egiptóloga y profesora en el Departamento de Historia del Arte de la UNED.  Especializada en el arte del Antiguo Egipto. Su investigación se centra en el Reino Nuevo. Sus conocimientos sobre los contactos entre Egipto y el Egeo son una de sus pasiones.  La iconografía, la figura del artista y las relaciones en el Mediterráneo son sus principales líneas de investigación. Da conferencias, ha participado en exposiciones, está en grupos de investigación, aparece en documentales y tiene publicaciones sobre perspectiva de género profundizando en el conocimiento del papel de la mujer en el Antiguo Egipto. Si te encanta Egipto no puedes perderte sus cursos de verano en la UNED de Ávila donde organiza e imparte docencia junto a un montón de especialista de primera línea. Oírla hablar es una pasada.




MIRELLA ROMERO @mirellarore

Doctora y Catedrática de Historia Antigua en la Universidad Carlos III de Madrid.  Trabaja la recepción de Pompeya y Herculano en España e Iberoamérica.  También puedes leerla hablando de la religiosidad de los navegantes antiguos.  Yo te recomiendo que leas su "Pompeya: vida, muerte y resurrección de la ciudad sepultada por el Vesubio" (Esfera de los Libros) del que hace unos meses salió una nueva edición, pero también puedes oírla en conferencias o leerla en sus numerosas publicaciones. Otra grande que no puedes dejar de seguir.    




IRENE MAÑAS   @im_perfectissima_femina

Doctora, historiadora y arqueóloga.  Es profesora en el Departamento de Historia Antigua de la UNED.  Su especialidad es la antigua Roma y el mundo clásico en general. Su divulgación se centra, sobre todo, en la mujer y todo lo que la rodea, pero también puedes leerla escribiendo sobre urbanismo en Hispania, arquitectura doméstica o iconografía de los mosaicos romanos. Aunque es una todoterreno que se mueve sin problema en toda la antigüedad. También imparte cursos, seminarios y conferencias.  Si quieres leer algo de lo que ha publicado últimamente te aconsejo: "Las mujeres y las relaciones de género en la antigua Roma" (ed. Síntesis).




ISABEL BARCELÓ @isabelbarcelochico

Aunque tiene una cuenta en Instagram es realmente activa en Facebook. Es Licenciada en Filosofía y Letras, pero su trabajo como divulgadora lo realiza desde la novela.  Su labor se centra en la recuperación de la memoria de las mujeres en la historia.  No podéis dejar de leerla en "Dido, reina de Cartago" (Es Ediciones), "La muchacha de Catulo" (Evohe) y en "Mujeres de Roma" (Salamandra). La podéis encontrar en artículos de la revista Historia National Geographic, impartiendo conferencias y participando en clubes de lectura y mesas redondas en España, pero también en Italia donde se la aprecia y admira mucho. Os aseguro que leerla es una auténtica delicia y con ella se aprende muchísimo.




CHARO GUARINO @charoguarino

Doctora y profesora de filología latina en la Universidad de Murcia. Es una de las veteranas en la divulgación de la cultura grecolatina en nuestro país.  Su trabajo se centra en la pervivencia de la cultura grecorromana a través de los textos literarios y su influencia en las artes. Os recomiendo que leáis "En el nombre de Ovidio" (Fundación Teatro Romano de Cartagena) que es una antología de poemas con 140 textos que abarcan desde Garcilaso hasta Neruda, todos ellos inspirados en los poemas de Ovidio, y "Palabra de mujer. Mujer y literatura en la antigua roma" que escribe junto a María Luisa Aguilar (ed. Dikinson).  Y no podéis dejar de investigar su faceta como poetisa porque es tremenda.



No hace falta que os recuerde que la calidad en la divulgación no solo se puede medir por el número de seguidores en redes sociales.  Hay muy buena divulgación con personas comprometidas, responsables, muy capaces y asequibles, y con mucha experiencia que pueden ayudaros a conocer y comprender el mundo antiguo. No utilizan internet, pero le dan a las teclas de sus ordenadores para publicar libros y artículos novedosos, profundos y llenos de conocimiento asequibles en su lectura para todo el mundo.

 

18 may 2025

El gladiador (al que fue imposible que mordiese un león) encontrado en York

 Hace unas semanas saltaba a la prensa la siguiente noticia:





Para leer la noticia pincha aquí.

Fueron muchos los medios que se hicieron eco de la primicia. Fue por este motivo que la Cadena Cope me invitó a hacer un análisis de la misma (aquí el enlace).

Vale la pena analizar la noticia para puntualizarla.

El contexto

El descubrimiento de los cuerpos de esta necrópolis (Drieffield Terrace, en York) ya fue noticia en el año 2010, aunque los restos aparecieron realmente en la campaña arqueológica del año 2004-2005.  

Se trataba del hallazgo de 80 esqueletos y 16 incineraciones. Todos ellos eran hombres, con edades entre los 19-45 años. Lo que más destacaba de ellos es que 46 aparecieron decapitados, con los cráneos entre las piernas. Uno de los huesos de uno de los individuos tenía marcas de los dientes de un animal que en aquel momento no podía ser identificado. Se hablaba de tigre, león u oso. La mayoría tenían traumas ante y post mortem. También aparecieron huesos de varios animales, como los de un caballo, con marcas de carnicería. La necrópolis tenía un rango cronológico amplísimo. Cubría desde finales del siglo I a principios del siglo V.  

Se trataba de los enterramientos de los habitantes de la antigua ciudad de Eboracum. Esta localidad, hoy York, fue inicialmente levantada por la IX Legión Hispana. Era una importante base militar y posteriormente un asentamiento urbano. A principios del siglo III d. C. fue la capital de la provincia romana más septentrional del Imperio. Además, fue el lugar en el que en el 306 Constantino I fue proclamado emperador por el ejército.  

En aquel momento ya se llegó a una conclusión, y la prensa así lo publicó: los huesos encontrados eran los de esclavos, soldados extranjeros, gladiadores o que se trataba de ciudadanos romanos de alto rango ejecutados por una lucha de poder tras la muerte de Septimio Severo en el 211 a. C. La investigación seguiría abierta hasta tener datos concluyentes.


Para leer la noticia pincha aquí.


La noticia que saltó a los periódicos apostó por los gladiadores, y pasaba de puntillas sobre las demás posibilidades. Los gladiadores venden más, por supuesto.

¿Por qué se llegó a la conclusión de que eran gladiadores? Porque se trataba de hombres, fuertes, jóvenes, con heridas. Y lo que parecía una prueba contundente: estaban decapitados. 

Los últimos estudios han llegado a conclusiones muy interesantes. Por ejemplo, que algunos de los individuos eran de la zona de York, otros de lugares cercanos. Que por lo menos uno era de la zona de Palestina y que había algunos más de la zona norte de Europa. Fueron hallados en la necrópolis que se encontraba a las afueras de la ciudad junto a la vía que unía Londres con York. Algunas de las tumbas eran muy lujosas. 

Además, habían estudiado el hueso perforado por los dientes de un animal. Mediante una comparativa con animales del Zoo de Londres habían llegado a la conclusión de que fue un león el que había hincado el colmillo a la pelvis de este individuo. Se dataron los huesos como del siglo III d. C. Debía de tener entre 25 y 35 años cuando murió. Medía 1'70 (para conocer el tema de la estatura media de los romanos, podéis leer este otro artículo mío aquí) y que su procedencia era de Gran Bretaña. Su herida era peri mortem y era uno de los cuerpos decapitados.


Fotos del hueso de la pelvis.


Así que se llegó rápidamente a la conclusión de que se trataba de un gladiador que había muerto mientras luchaba contra un león. Lo que es un TREMENDO ERROR. Y ahora voy a contar los motivos, porque hay varios.

Análisis:

1.  "El cuerpo encontrado es el de un gladiador porque luchó contra un león." Llamar a este hombre gladiador porque había muerto luchando contra un animal es el primer error. Y muy importante, por cierto. Los gladiadores no luchaban contra los animales. Los venatores (cazadores) son quienes lo hacían. Los gladiadores siempre luchaban contra otros gladiadores. Los venatores sólo contra animales.

Las venationes (el espectáculo de cacerías de animales) y las luchas de gladiadores eran dos funciones diferentes, aunque formaban parte (no siempre) de una misma jornada de espectáculos que se celebraban en el anfiteatro (no siempre).

Lo que nos lleva a desmentir un bulo que circula por ahí: los venatores no eran una tipología de gladiador. Ambos eran dos especialidades diferentes de dos espectáculos distintitos. Tenían cuarteles (ludus) separados, donde eran preparados para luchar contra contendientes diferentes. Mientras los gladiadores lo hacían en el Ludus Maximus (era el más importante en Roma), los venatores lo hacían en el Ludus Matutinus, que hacía referencia a que la lucha con animales era por la mañana.

2.  "Es un gladiador porque está decapitado." Segundo error. Los gladiadores no eran decapitados.  Ninguna fuente nos deja constancia de este acto. La decapitación sólo tenía lugar en las ejecuciones de los condenados a muerte. No formaba parte del ritual gladiatorio. La decapitación era la fórmula para llevar a cabo la pena capital a los ciudadanos romanos. Esto era así porque, para un romano era la forma menos humillante de morir en público. ¿Problema? Que no sabemos si fue decapitado en la arena, cosa que como veremos en el siguiente punto es poco probable.

3.  "Como tenía fuertes huesos era un gladiador."  El estudio de los huesos demuestra que eran personas con entrenamiento. No sólo nuestro protagonista, el resto de sus compañeros enterrados también. Muchos tenían heridas anteriores curadas y otras peri mortem. Muchas de ellas estaban en el cráneo por haber sido golpeados, en las manos y muñecas debido a caídas. En el caso de las fracturas craneales sí tienen un paralelo en los cuerpos encontrados en Éfeso, también estudiados como gladiadores. Además, se ha creído que era por el ritual del que habla Tertuliano en uno de sus textos y que decía: 

"En las bromas crueles de los juegos del medio día nos reímos de Mercurio examinando a los muertos con el hierro incandescente; vimos también al hermano de Júpiter que con un martillo sacaba los cadáveres de los gladiadores" (Apologético, 15, 5, trad. Fernando Lillo).

Podemos comprobar que hace referencia a los espectáculos del medio día, momento en que se llevaban a cabo las ejecuciones de condenados a muerte. Nada tiene que ver con los gladiadores ni los venatores, espectaculos de la tarde y de la mañana, respectivamente.

Conclusión:

El "gladiador mordido por un león" no era ni gladiador ni venator.  Muy probablemente, y basándome en las pruebas, se trataba de un condenado a muerte que sufrió el ritual completo de su ejecución. Primero fue expuesto a las fieras, un león consiguió morderle en la cadera (forma natural en que estos animales atacan a sus presas). Como no murió bajo sus colmillos y no podía salir vivo de la arena, fue rematado con un golpe en la cabeza y requeterrematado por la espada, cortándole la cabeza probablemente ya fuera de la arena, confirmando definitivamente así su muerte.




Éfeso. Hoy en el British Museum. Fuente: British Museum

Para saber más:

Muñoz-Santos, M. E. (2022) Animales in harena, ed. Confluencias
Muñoz-Santos, M. E. (2022) Gladiadores, fieras, carros y otros espectáculos de la antigua Roma, ed. Síntesis.
Lillo, F y Muñoz-Santos, M. E. (2024) Gladiadores. Valor ante la muerte, ed. Desperta Ferro.












4 oct 2024

"Gladiadores. Valor ante la muerte"



Ya está aquí mi nuevo libro.  Escrito junto a mi colega y también especialista Fernando Lillo, para la editorial Desperta Ferro.



Sinopsis:


«Ave, César, los que van a morir te saludan». Quizá no haya ninguna frase más conocida sobre la gladiatura romana… y tampoco ninguna tan cargada de mitos, malentendidos y falsedades. Una frase que jamás se pronunció, fruto de la tergiversada imagen sobre los gladiadores que han propagado la novela histórica y el cine. Gladiadores. Valor ante la muerte, de     Fernando Lillo Redonet   y   María Engracia Muñoz-Santos, es un libro que parte de las evidencias que la arqueología, la epigrafía y los textos clásicos han dejado sobre estos espectáculos, para mostrar su realidad y explicarlos dentro del contexto cultural y mental de la sociedad romana. A lo largo de sus páginas, trufadas de numerosas y espectaculares ilustraciones de   Sandra Delgado, acompañaremos a los hombres que se convertían en gladiadores, compartiremos su vida en el ludus, el lugar donde se preparaban física y mentalmente para el combate, comeremos su rancho, sudaremos en sus entrenamientos y experimentaremos el miedo y el dolor, pero también la gloria, del momento supremo de la lucha, cuando podían convertirse en ídolos del público o caer –figurada pero también literalmente– en el olvido. Porque sin el público, espejo de lo que pasaba abajo, en la arena, los juegos gladiatorios no tenían su razón de ser, y por eso también viviremos un día en el anfiteatro, el ambiente y la excitación, seremos testigos de los diversos combates y emparejamientos, comprenderemos su fama y popularidad, y también su relación con el poder, con los emperadores, algunos de los cuales fueron entusiastas aficionados. Porque la gladiatura nos explica mucho sobre Roma, sobre sus concepciones y su moral, sobre su forma de entender la vida y arrostrar la parca: entenderemos, así, que a la arena no se va a morir, sino a mostrar valor ante la muerte.


Os dejo algunas imágenes: