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4 nov 2016

El 4 de noviembre en la excavación de Howard Carter.


Apenas había llegado a la excavación al día siguiente (4 de noviembre) cuando un extraño silencio, producido por la detención de los trabajos, me hizo dar cuenta de que había ocurrido algo fuera de lo común. Se me recibió con la noticia de que se había descubierto un escalón tallado en la roca bajo la primera cabaña que se había derruido. Parecía demasiado bueno para ser verdad, pero el agrandamiento de la abertura nos aclaró que estábamos de hecho en la entrada de un profundo corte en la roca, unos cuatro metros por debajo de la entrada de la tumba de Ramsés VI y a una profundidad similar a la del nivel actual del Valle. El corte era del tipo de entrada con escalera subterránea, tan común en el Valle, y yo casi me atreví a esperar que habíamos encontrado finalmente una tumba. El trabajo continuó febrilmente durante todo aquel día y la mañana del siguiente, pero sólo el 5 de noviembre por la tarde conseguimos retirar la gran masa de escombros que cubría el corte y pudimos demarcar los bordes superiores de la escalera por sus cuatro lados. 

Entonces quedó claro, por encima de toda duda, que nos encontrábamos ante la entrada de una tumba; sin embargo, aún teníamos la incertidumbre nacida de desengaños anteriores. Siempre cabía la terrible posibilidad, sugerida por nuestra experiencia en el Valle de Tutmés III, de que la tumba estuviera a medio hacer, sin haber sido concluida ni usada. Incluso si hubiera sido terminada aún podía ser que la hubieran saqueado en época antigua. Pero, por otra parte, también podía tratarse de una tumba intocada o sólo parcialmente saqueada, y con mal reprimida excitación contemplé los escalones que descendían cada vez más, saliendo a la luz uno por uno. El corte estaba tallado en la ladera de un montículo, y al progresar los trabajos, el borde occidental retrocedía bajo el saliente de la roca hasta quedar primero en parte y luego totalmente cubierto, convirtiéndose en un pasadizo de unos 3 m. de alto por 1,8 m. de ancho. El trabajo avanzaba ahora más rápidamente; un escalón seguía a otro y al nivel del duodécimo, hacia la puesta del sol, descubrimos la parte superior de una puerta tapiada, enyesada y sellada. 



Una puerta sellada! Así, pues, era cierto. Nuestros años de paciente trabajo iban a quedar recompensados después de todo. Creo que mi primer sentimiento fue de contento por el hecho de que mi fe en el Valle no había sido injustificada. Con una excitación que se convirtió en ardor febril busqué los sellos de la puerta, en busca de pruebas sobre la identidad del dueño del lugar, pero no pude encontrar nombre alguno. Los únicos descifrables eran el conocido sello de la necrópolis real, el chacal y nueve cautivos. Sin embargo, dos cosas eran claras: en primer lugar, el empleo del sello real era una prueba evidente de que la tumba había sido construida para un personaje de gran categoría. En segundo lugar, el hecho de que la puerta sellada estaba completamente tapada por las cabañas de los trabajadores de la Dinastía XX, construidas encima de ella, era una prueba suficientemente evidente de que no había sido tocada por lo menos a partir de aquella época. De momento tenía que conformarme con aquello. 

Mientras examinaba los sellos noté que en el dintel de madera muy dura que había en la parte superior de la puerta, parte del yeso se había caído. Para asegurarme del método por el que se había bloqueado la puerta hice un agujero debajo de ésta lo bastante grande para colocar una linterna, y descubrí que el pasadizo detrás de la puerta estaba completamente relleno de piedras y escombros desde el techo hasta el suelo, siendo ésta una prueba adicional del sumo cuidado con el que se había protegido la tumba. 



Era un momento emocionante para un excavador. Tras años de trabajo más bien improductivo, me encontraba completamente solo, a excepción de mis trabajadores nativos, en el umbral de lo que podía resultar un descubrimiento fantástico. Al otro lado del pasadizo podía encontrarse literalmente cualquier cosa y necesité de toda mi fuerza de voluntad para no abrir la puerta e intentar averiguarlo en aquel mismo momento. 

Un hecho me sorprendía, y era la pequeñez de la abertura en comparación con otras tumbas corrientes en el Valle. El diseño era evidentemente de la Dinastía XVIII. ¿Podía tratarse, acaso, de la tumba de un noble enterrado allí con autorización real?; ¿era un escondrijo, un lugar secreto al que se había trasladado la momia de un rey y su tesoro por motivos de segundad?, ¿o era la tumba de un rey, lo que yo había estado buscando durante tantos años? 



Una vez más examiné las marcas de los sellos en busca de la clave, pero en la parte de la puerta que habíamos descubierto hasta aquel momento sólo estaban claros para su interpretación los de la necrópolis real mencionados más arriba. Si hubiera sabido entonces que unos pocos centímetros más abajo estaba la huella clara y característica del sello de Tutankhamón, el rey que yo más deseaba encontrar, hubiese continuado y, lógicamente, hubiera descansado mejor aquella noche, ahorrándome casi tres semanas de incertidumbre. Sin embargo, era tarde y la oscuridad se nos venía encima. Contra mis deseos, volví a tapar el agujero que había hecho, rellené nuestra trinchera como protección para las horas de la noche, escogí los obreros más dignos de confianza, que estaban tan excitados como yo, para vigilar la tumba durante toda la noche y me dirigí a casa cabalgando Valle abajo a la luz de la luna. 

Naturalmente mi deseo era continuar con nuestra limpieza hasta averiguar el verdadero alcance del descubrimiento, pero Lord Carnarvon estaba en Inglaterra y, en atención a él, tenía que retrasar el asunto hasta que pudiera venir. En consecuencia, la mañana del 6 de noviembre le envié el siguiente cablegrama: «Finalmente he hecho descubrimiento maravilloso en Valle, una tumba magnífica con sellos intactos; recubierto hasta su llegada; felicidades».


Fotos: http://www.griffith.ox.ac.uk/discoveringTut/
Texto: CARTER, H.,"La tumba de Tutankhamón", Ed. destinolibro.

16 sept 2013

Libro: "El descubrimiento de la tumba de Tutankhamon"

Si, lo confieso, tengo debilidad por Tutankhamon y todo lo que cae en mis manos sobre su descubrimiento o sobre el rey lo leo.  No tengo remedio....

Así que cuando hace unos meses vi este librito en La Casa del Libro no pude dejar de comprarlo, pero hasta que he terminado de exámenes no he podido ponerme a leerlo y es que me gusta hacerlo despacito y disfrutar de cada palabra.





Se trata de "El descubrimiento de la tumba de Tutankhamon" escrito por H. Carter y A.C. Mace.  Es un libro extraordinario, divertido y muy interesante.  Se trata del estudio preliminar de la excavación de la tumba, más tarde H.Carter publicaría "La tumba de Tutankhamon" con los detalles de lo encontrado en ella.

Este pequeño libro de, apenas 260 páginas, se divide en dos partes.  En la primera relata desde la historia del rey y la reina, o del Valle de los Reyes, hasta el momento en que abren la puerta sellada donde se encontraba el sarcófago del rey.  No hay que olvidar que se trata de un estudio preliminar así que no se centra en detalles, solo en explicar de forma resumida muchas de las ideas que luego desarrollará ampliamente en su siguiente publicación, lo bueno que tiene es que no tiene tanto de científico como de propio de Carter.  La segunda parte es una serie de láminas comentadas de forma resumida, son algunas de las piezas más destacadas que Carter había sacado de la tumba hasta el momento en que redactó el texto.  Las fotos son en blanco y negro y son las realizadas por H.Burton, mi edición no es muy buena en ese aspecto y la impresión de las fotos deja mucho que desear.

Quiero destacar algunas de las cosas que me han hecho reír, es famoso el humor "extraño" de Carter, pero me encanta lo sarcástico que es en su redacción en algunos momentos.

En el capitulo VIII, sin saberlo, hace un pequeño guiño a la maldición que se comenzaba a gestar ya entre los periodistas, que buscando el morbo iban a crear más tarde.  En este momento aún no existía tal maldición.  Esto es lo que escribe: "Durante dos o tres días el cielo estuvo muy negro, y parecía que nos íbamos a encontrar con una de las grandes tormentas que de vez en cuando visitan Tebas.  En esas ocasiones llueve torrencialmente, y si la tormenta dura un poco todo el lecho del Valle se inunda de agua que causa estragos.  En tales circunstancias nada en el mundo hubiera podido evitar que nuestra tumba quedase inundada, pero, afortunadamente, aunque  debió de llover mucho en algún lugar de la región, nosotros nos libramos y sólo recibimos unas cuantas gotas.  Algunos corresponsales se permitieron escribir con mucha imaginación sobre aquella amenazadora tormenta.  Como resultado de ello y de otras informaciones distorsionadas, recibimos un telegrama un tanto críptico, cabe suponer que enviado por un ferviente estudioso de las ciencias ocultas.  Decía así: "En caso de nuevos problemas, viertan leche, vino y miel en el umbral".  Desdichadamente no teníamos ni vino ni miel, del modo que no pudimos seguir las instrucciones.  Pese a nuestra negligencia, sin embargo, no tuvimos nuevos problemas.  Tal vez fuimos objeto de tratamiento a distancia."

En el mismo capítulo haciendo referencia a los periodistas y fotógrafos que estaban a la expectativa fuera de la tumba "Cada cierto tiempo, cuando se había llenado un número suficiente de camillas se organizaba un convoy y se enviaban al laboratorio custodiadas.  Ese era el momento que estaba esperando la multitud de mirones que aguardaban sobre la tumba.  Aparecían los cuadernos de los reporteros, hacían clic, clic, clic las cámaras fotográficas por todas partes y había que abrirse paso para que pudiera pasar la procesión de camillas.  Supongo que se malgastaron más películas el invierno pasado en el Valle que en cualquier otra época equivalente desde que se inventaron las cámaras".

Pero para mí, lo mejor de todo el libro, son las distintas denuncias y quejas sobre el trabajo de los arqueólogos y restauradores que va haciendo a lo largo de todo el libro, y es que hay cosas que no pasan de moda, a pesar de que de la excavación de la tumba ha pasado casi un siglo.

Capítulo VIII también: "Era una labor lenta, extremadamente lenta y que destrozaba los nervios, porque en todo momento sentías el gran peso de la responsabilidad.  todo excavador debe sentirla, si tiene un mínimo de conciencia arqueológica  las cosas que encuentra no son de su propiedad para tratarlas como le plazca, ni para descuidarlas caprichosamente.  Son un legado directo del pasado a la época actual, y él es tan sólo el privilegiado intermediario a través de cuyas manos llegan; y si por falta de cuidado, negligencia o ignorancia, hace disminuir la suma de conocimientos que se hubiera podido obtener de ellos, se sabe culpable en un delito arqueológico de primera magnitud.  Destruir pruebas es extremadamente fácil, y sin embargo desesperadamente irreparable."

Pero lo mejor de todo, para mí, en cuestión de queja es el capitulo IX, cuando se desahoga con la escritura,  y es que las visitas a la tumba eran tantas que no podían sacar el trabajo adelante, copio "El peligro de las interrupciones constantes es evidente, y no tengo necesidad de insistir más en ello.  ¿Qué pensaría un químico si le pidieras que dejase un delicado experimento para enseñarle todo el laboratorio? ¿Qué sentiría un cirujano si le interrumpieses en medio de una operación? ¿Y el paciente?   Y puestos a pensar, ¿qué diría un hombre de negocios si recibiera diez grupos sucesivos de visitantes en el transcursos de una sola mañana, esperando todos ellos que les mostrara la oficina?" y es que el trabajo del arqueólogo nunca se le ha dado la importancia que tenía, o simplemente nunca se ha visto como un "trabajo" y sigue Carter:  "Y, por supuesto, la arqueología tiene tanto derecho a que tengan consideración con ella como cualquier otra forma de investigación científica, o incluso, me atrevería a decir, como la sagrada ciencia de ganar dinero.  ¿Por qué por el simple hecho de llevar a cabo nuestro trabajo en regiones poco frecuentadas en vez de hacerlo en una ciudad llena de gente se nos ha de considerar groseros si ponemos objeciones a constantes interrupciones?  Supongo que la verdadera razón es que, en opinión de la gente, la arqueología no es en modo alguno un trabajo.  La excavación es una especie de diversión de superturista, efectuada con el dinero del propio excavador, si es lo bastante rico, o con el dinero de otros si puede persuadirlos de que lo donen, y todo lo que tiene que hacer es disfrutar de la vida en un bonito lugar de inviernos cálidos y pagar a una cuadrilla de nativos para que encuentren las cosas  por él.  El responsable de esta opinión es en gran parte el arqueólogo diletante, el hombre que raramente hace nada con sus propias manos, pero que la mitad de las veces está ausente cuando se hace realmente el descubrimiento."

Y para terminar, destacar el capítulo X, es el más largo pero con el que más he disfrutado.  Hace una descripción sucinta de los métodos de excavación y conservación de algunos de los objetos de Tutankhamon y lo he encontrado muy interesante.

Quiero hacer un apunte, cuando uno lee uno de estos libros, especialista o no en la materia, tiene que tener en cuenta que se trata de un libro escrito a principios del siglo XX, mucha gente olvida este importantísimo detalle, entonces los métodos de excavación y restauración no eran ni mucho menos lo que ahora tenemos, así que no me vale el que se critique el método de excavación de Carter, él hizo lo que pudo teniendo en cuenta los recursos de su época y en el Egipto de aquel momento.  Y no debió hacerlo tan mal cuando aún podemos disfrutar de las preciosas piezas que por sus manos pasaron en el Museo de El Cairo.

Libro genial, para disfrutar, sentirse un arqueólogo de principios del siglo XX y aprender un poco más sobre el fabuloso descubrimiento de la Tumba de Tutankhamon.

"El descubrimeinto de la tumba de Tutankhamon"
H. Carter y A.C. Mace
Ed. El Barquero.
Barcelona, 2007



14 sept 2013

Copa para rogativas de Tutankhamon

Sigo con algunas curiosidades que me voy encontrando en el libro de Carter y Mace "El descubrimiento de la tumba de Tutankhamon".  Esta vez se trata de un objeto precioso encontrado en la tumba de Tutankhamon durante su excavación.  No se trata de una de mis piezas favoritas como obra artística, pero está tan llena de simbolismos e iconografía que la encuentro de una gran belleza por toda la información que nos aporta.

Foto de H. Burton (http://www.griffith.ox.ac.uk/)

Denominada por Howard Carter "wishing cup" , está realizada en alabastro.  

Se trata de una copa para rogativas realizada en alabastro traslúcido, en una sola pieza.  Con asas a cada lado con forma de flores y brotes de lirios azules que sostienen figuras arrodilladas, el dios de la eternidad Heh, que simbolizan esta eternidad y que portan en sus manos el jeroglífico 100.000 años, dibujado en negro el emblema de la "Vida Eterna" o ankh.  El dios descansa sobre el jeroglífico del "todo" (nb).  Entre ambas asas, el cuenco, un loto blanco, está decorado con bajorrelieves dibujando un espira de cálices y sépalos.

En el cuerpo del cuenco aparecen el prenomen y el nomen del rey.  En el borde una inscripción que reza "larga vida a Horus 'Toro fuerte de los nacimientos', las dos Diosas 'Hermosura de las ordenanzas, que apacigua las Dos Tierras', Horus de oro 'Que lleva la diadema y se propicia a los dioses', rey del Alto y bajo Egipto, Señor de las Dos Tierras, Nebkheperure, vida otorgada" y "Larga vida a tu Ka, y que vivas millones de años, tú que amas Tebas, sentado con el rostro hacia el viento del norte, vean tus ojos la dicha". (probablemente traducción de A.Gardiner).  Esta inscripción también está llena de simbolismo, se encuentra en el borde que es donde el rey posaría sus labios para beber de ella, así que literalmente bebería eternidad puesto que para los egipcios la escritura era "mágica".

La copa fue encontrada en la entrada de la tumba de Tutankhamon, probablemente fuese el último objeto depositado en ella por los sacerdotes funerarios aunque también podría haber sido abandonado por los ladrones que entraron en la tumba tras su cierre.


13 sept 2013

Howard Carter, una aventura digna de Indiana Jones.


"Atardecía ya, de modo que reuní a toda prisa los pocos de mis obreros que habían escapado al reclutamiento de la "Leva de trabajos para el Ejército" y, con los materiales necesarios, salimos para el escenario de los hechos, expedición que implicaba ascender más de 550 metros en las colinas de Kurna a la luz de la luna.  Era medianoche cuando llegamos al lugar, y el guía me señaló al cabo de una soga que colgaba en el vacío, ante la pared del precipicio.  Escuchando, pudimos oír el ruido de los saqueadores en pleno trabajo, de modo que primero corté la soga, eliminando con ello su medio de escape, y luego, sujetando una sólida soga que llevaba, me descolgué por la pared del precipicio.  Descolgarse con una soga a medianoche en un nido de laboriosos saqueadores de tumbas es un pasatiempo que al menos no carece de emoción.  Había ocho excavando, y cuando llegué el fondo hubo uno o dos momentos incómodos.  Les di la alternativa de largarse de allí por medio de mi soga, o bien quedarse donde estaban sin soga alguna, y finalmente entraron en razón y se fueron."

CARTER, H. y MACE, A.C.  "El descubirmiento de la tumba de Tutankhamon".  Barcelona, 2007.



La tumba de la que habla Howard Carter es la de Hatsepshut se había hecho construir, probablemente, antes de ser rey, cuando era esposa real y nunca fue ocupada por esta.  Se situada al fondo de una grieta abierta por la erosión del agua, 40 metros bajo el alto del precipicio y 70 metros por encima del fondo del valle.

27 sept 2012

Libro: "Lady Almina y la verdadera Downton Abbey"


Esta semana he disfrutado de lo lindo leyendo "Lady Almina y la verdaera Downton Abbey.  El legado perdido de Highclere Castle".  Ya hice una entrada anterior hace unos días hablando de la mansión Highclere Castle, lugar donde se rodó la serie Downton Abbey (aquí).

Cuando vi el libro en la librería no pude resistirme a comprarlo,  Lady Fiona Carnavon nos cuenta en él, muy bien documentada, la historia de dos generaciones de Carnavon, especialmente la de Lord Carnavon, el quinto conde.



El libro comienza con la historia de Almina, hija única e ilegítima de Alfred de Rothschild, que a los 19 años, y con una inmensa dote por parte de padre, se casó con el quinto conde de Carnavon.  En su unión una puso la fortuna de la familia y el otro el título.  Ambos fueron un matrimonio feliz que vivió importantes transformaciones en la Europa del siglo XX, dos de ellos cambiaron sus vidas por completo: la I Guerra Mundial y el descubrimiento por parte de Howard Carter de la tumba de Tutankhamon.  

En su libro nos cuenta sobre una época desaparecida: de convivencia entre los de "arriba" y los de "abajo", la llegada de grandes inventos a la vida cotidiana del agua corriente, los inodoros, la electricidad, el automóvil, los aviones, y muchos otros inventos que llegan a Highclere Castle porque lord Carnavon era un loco de las nuevas tecnologías.

Entre muchos hitos en la historia de la pareja destaca especialmente la I Guerra Mundial, a la que dedica gran parte del libro, no hay que olvidar que el libro trata la biografía de Almina que fue una luchadora con gran arrojo que velaba por la supervivencia de su familia, personal del castillo y del edificio.  También los cambios políticos, científicos, filosóficos, económicos e incluso geopolíticos.  Como familia influyente la de los Carnavon se vieron involucrados en muchos de los acontecimientos del momento, como las coronaciones de varios reyes e incluso su actuación durante la Paz de París.

Otra parte bastante amplia, a la que dedica el libro unos cuantos capítulos, es a los viajes de Carnavon y de la familia a Egipto, a su relación con Howard Carter, del descubrimiento de la tumba de Tutankhamon, y de la muerte del lord, todo ello tratado desde el punto de vista de la vida familiar.  Quiero destacar el capítulo dedicado a la muerte y el entierro del  conde (atribuido a la supuesta maldición de la tumba del faraón) y el dolor de la familia, desde el punto de vista científico de la egiptología solemos enfocar nuestra curiosidad en la tumba y en Tutankhamon, olvidando a las personas como tales y a como les afectó tal descubrimiento en su vida.

Muchas curiosidades llenan el libro, sobre enfermedades como la gripe española, la aparición de D.H. Lawrence, de varios reyes, políticos, cambios anecdóticos en las vidas, y sobre todo la cruenta guerra y sus descripciones me han llegado a producir escalofríos ya que son relatadas en primera persona tanto por Almina, que cuando comienza la Gran Guerra crea su propio hospital, donde ella es enfermera, como por los propios pacientes y familiares a través de sus cartas de agradecimiento.

Por último quiero destacar que no se trata de un libro sobre la vida de Lord Carnavon, sino sobre la vida de Almina y su relación con la casa, el legado que había heredado su marido, con la nobleza y sociedad de la época e incluso con la vida del día a día de una de las más grandes familias inglesas.

Y una vez leído el libro tengo que volver a ver la serie, muchas de las escenas que se describen, aparecen en la película, mezcladas o cambiadas, pero fácilmente reconocibles.


Lady Almina y la verdadera Downton Abbey: El legado perdido de Highclere Castle



  • Tapa blanda: 350 páginas
  • Editor: Suma; Edición: 1 (10 de enero de 2012)
  • ISBN-10: 8483653052
  • ISBN-13: 978-8483653050




18 sept 2012

¿Downton Abbey? No, mejor Highclere Castle.

Muchos hemos seguido la serie Downton Abbey que han emitido este tiempo atrás en antena3tv.




Se ha convertido en una de mis series favoritas durante el curso pasado y mientras la veía, disfrutando de ropas, edificio, aventuras y desventuras y de sus protagonistas, no podía llegar a imaginar que en realidad la historia que me estaban contando estaba ligada íntimamente a la egiptología.




¿El motivo?  Dowton Abbey es en realidad Highclere Castle, el castillo de la familia Carnarvon.  Si, el mismo Lord Carnarvon que acompañó a Carter en el descubrimiento de la tumba de Tutankhamon y que además sufragó todos los gastos como Mecenas de la excavación.  Muchas de las historia que ocurren en el edificio ocurrieron de verdad, pero ligados a los verdaderos habitantes de la casa: George Herber, quinto Conde de Carnarvon y su mujer Almina, en la serie Robert y Cora respectivamente, así como sus hijos y personal de servicio


La pareja se casó el 26 de junio de 1895,  él arruinado debido a los muchos gastos que generaban sus hobbies (los libros caros, los viajes y las obras de arte) y ella, hija ilegítima de un banquero, era rica por herencia pero sin título.  Aunque lo parezca no fue un matrimonio pactado, se conocieron en un baile de debutantes y se casaron.  Tuvieron un hijo y una hija, el primero Henry George y la segunda Lady Evelyn, que también conocemos por su aventura en Egipto junto al famoso arqueólogo y su padre.



Highclere Castle se levanta en la colina de Beacon Hill donde se situaba un asentamiento ya de la Edad del Hierro.  Durante 800 años fue propiedad del Obispado de Winchester y a finales del XVII paso a la familia Herbert, condes de Pembroke y antepasados de los condes de Carnarvon, que construyeron sobre los cimientos datados del siglo VIII, estamos en 1679.



En el XVIII el primer conde de Carnarvon encargó el diseño de las 405ha de jardines a Capability Brown, desde cualquier lugar desde donde se mire hay árboles exóticos de importación, elegantes bulevares y construcciones variadas muy típicas de los jardines del siglo XIX, como templetes, columnas, cenadores....



La antigua casa solariega isabelina, de ladrillo, cuadrada y clásica, fue remodelada al estilo georgiano a finales del siglo XVI y principios del XVII, pero posteriormente sufrió una transformación completa.   



El edificio actual fue construido por sir Charles Barry, arquitecto del Parlamento de Westminster, para el tercer Conde.No pudo este arquitecto terminar las obras y tanto la zona norte, sur y este como parte del interior y las dependencias para servicio fueron realizadas por el ayudante de Charles Barry, Thomas Allon.



La primera piedra de la nueva edificación se colocó en 1842 y las obras concluyeron doce años después.    El edificio fue bautizado con el nombre de Highclere Castle.  Rezuma personalidad, disposición y seguridad, no da la sensación de que haya evolucionado a lo largo del tiempo, ni sufrido ampliaciones ni cambios, da la sensación de que es la visión de un único arquitecto.  Las torrecillas góticas, se realizan a la moda del momento, como rechazo a los diseños clásicos del siglo XVIII, utilizando las características arquitectónicas de la época victoriana, ahora aparece un regusto por los diseños medievales, la construcción fue realizada según el estilo "anglo-italiano".  Destaca a la vista la imagen de solidez y magnificencia que priman sobre la belleza.